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⚽ Real Madrid

El Real Madrid de Xabi Alonso está muy lejos de este PSG

El fútbol no perdona errores, y mucho menos si se cometen ante un equipo tan afinado como el Paris Saint-Germain. El Real Madrid no llegó a tiempo al partido. Cuando quiso entrar, ya era tarde: el marcador mostraba dos goles en contra y las opciones de remontada eran más un acto de fe que una posibilidad real. La pesadilla comenzó con dos fallos groseros —primero Asensio, luego Rüdiger— que allanaron el camino para que el equipo parisino impusiera su ley con una contundencia que rozó el escarnio. Si alguien pensó que la goleada sería mayor, no estaba tan equivocado: terminar perdiendo solo 4-0 casi supo a castigo benévolo.

Con ese inicio desastroso, el conjunto de Xabi Alonso se derrumbó anímicamente. El PSG dominó cada tramo del encuentro, manejando los tiempos a placer, y dejando en evidencia que, hoy por hoy, está a un nivel superior no solo al Real Madrid, sino probablemente a cualquier otro equipo del torneo. La diferencia fue clara desde el principio. A los errores se sumó la impotencia. Lo que se presentó como un desafío de alto nivel acabó en una clase de fútbol.

Defensa en ruinas y sin recursos

La planificación del partido sufrió un golpe inesperado con la baja de Alexander-Arnold pocas horas antes del inicio. Para colmo, Huijsen cometió un penalti que le costó la expulsión y dejó al equipo sin margen de maniobra. Xabi Alonso se vio obligado a reconstruir una zaga con retales del pasado, incluyendo a Valverde improvisado como lateral y un 4-3-3 que recordaba más al Madrid de Ancelotti que a un proyecto nuevo.

Los primeros minutos ofrecieron una ilusión efímera: Courtois evitó lo que pudo, Vinicius alternó posiciones con Gonzalo y hubo presión alta. Pero el espejismo se esfumó cuando Asensio, en una acción inexplicable, dudó al despejar dentro del área y permitió a Dembélé robarle el balón. El tanto lo firmó Fabián Ruiz. Poco después, Rüdiger cometió un error aún más grave y el PSG no perdonó. Todo el trabajo previo, la estrategia, la idea de competir, se diluyó en apenas veinte minutos.

Una primera parte del Real Madrid para olvidar

Desde ese momento, el encuentro dejó de ser tal. El PSG, liderado por un Vitinha imperial, manejó el balón con paciencia y precisión. El Madrid ni presionaba ni retrocedía con orden. La sensación era de un equipo sin alma. Ni Bellingham ni Güler supieron sostener el medio campo, y el tridente ofensivo se perdió entre dudas y desconexiones. El tercer gol, construido desde el propio Donnarumma y finalizado de nuevo por Fabián, fue la muestra clara de un equipo que hace daño sin necesidad de pisar el acelerador.

El Real Madrid, mejor cara tras el descanso, pero sin filo

La segunda mitad mostró un Madrid algo más ordenado, con más posesión, pero sin profundidad ni ocasiones claras. El PSG, con el marcador a favor, se permitió bajar el ritmo, mientras los blancos apenas arañaban alguna aproximación sin verdadero peligro. En ataque, la falta de chispa de los referentes fue alarmante. Si algo debe preocupar al cuerpo técnico, es precisamente la falta de respuesta de sus figuras.

Con el duelo sentenciado, Xabi Alonso optó por pensar en el futuro. Dio minutos a Militao, que dejó detalles positivos, y a Carvajal, Modric y Lucas Vázquez en un gesto más simbólico que competitivo. El equipo ya no estaba en el partido, y el PSG tampoco necesitaba estarlo.

Mucho que corregir, poco tiempo

La derrota fue dolorosa, pero justa. El Real Madrid no tuvo respuestas ni futbolísticas ni mentales. El proyecto de Xabi Alonso, aún en construcción, se topó con una realidad demasiado dura. Esta noche en París no fue solo una caída: fue una advertencia. Hoy, el PSG está varios escalones por encima. Y el Madrid tiene mucho trabajo por delante si quiere aspirar a estar a la altura.

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