La selección de Luis de la Fuente continúa imparable. En Konya, España se desató con una actuación de alto nivel que confirma lo que muchos ya sospechan: hoy por hoy, ningún equipo del panorama internacional juega al fútbol con la misma claridad y contundencia que “La Roja”. El 1-6 ante Turquía no solo refleja eficacia, sino también una manera de entender el juego que enamora.
Los primeros 45 minutos fueron una obra de arte colectiva, con trece remates a portería y tres goles que pudieron ser muchos más. Merino, con un doblete en apenas media hora, y Pedri, que marcó y asistió en dos ocasiones, pusieron el choque muy pronto cuesta abajo.
Pedri, el director de la sinfonía
El futbolista del Barça salió con la intención de resolver rápido. A los seis minutos ya había fabricado el 0-1 y, a partir de ahí, desplegó un repertorio de pases imposibles. Dos acabaron en asistencia, aunque bien pudieron ser cuatro de no ser por la falta de acierto de Nico Williams y Lamine Yamal frente a un inspirado Cakir.
Pedri cerró su particular exhibición firmando el sexto tanto español, un gol que selló una de las actuaciones individuales más memorables de los últimos años con la camiseta nacional.
Una España que también domina a la contra
Tras un primer tiempo de dominio absoluto, España cambió el guion. La segunda parte se jugó en transición, con un Pedri convertido en lanzador y compañeros como Ferran Torres, Merino y Oyarzabal aprovechando espacios. El resultado fue la confirmación de que esta selección no solo sabe asfixiar al rival con posesión, sino que también es demoledora cuando se suelta al contragolpe.
Ni el ambiente del “infierno turco” en Konya ni las bajas en la convocatoria frenaron a una España que ya suma 27 partidos sin perder y que apunta a sellar su clasificación al Mundial 2026 en el mes de octubre.
Lamine, entre la magia y el aprendizaje
El joven delantero del Barça dejó una acción en la primera parte que bien podría competir por el gol del año: regateando rivales como si fueran conos de entrenamiento. Sin embargo, poco a poco perdió protagonismo y, en la segunda mitad, un choque innecesario con Güler le valió la reprimenda de De la Fuente. El seleccionador pide calma para que su talento siga creciendo sin excesos.
Un engranaje que no se detiene
Lo más llamativo de esta selección es que, da igual quién entre al césped, el nivel nunca baja. Desde la seguridad de Unai Simón, pasando por el orden de Zubimendi y la insistencia de Cucurella, hasta el debut de De Frutos, que devuelve a Vallecas y a Segovia la emoción de tener un representante en “La Roja”.
España vive un momento dulce, con un bloque sólido, hambre de victoria y una identidad futbolística que intimida. Y aunque aún falta camino para saber si volverá a ser campeona del mundo, algo parece claro: el presente es rojo, muy rojo.






