Pep Canyadell tiene solo 26 años, pero su historia ilustra con claridad dónde está España en el mapa del pickleball y hacia dónde puede ir. Campeón nacional, subcampeón de Europa, extenista, el catalán Canyadell llegó al pickleball tras una etapa exigente en tenis y una estancia prolongada en Estados Unidos.
Fue allí donde cambió su perspectiva deportiva para siempre. Lo que encontró en tierras americanas fue algo que aquí se empieza a soñar: pistas llenas, circuitos impulsados por patrocinadores, jugadores profesionales que viven del deporte y una masa de aficionados activa. Aquí, en España, ese escenario aún está en construcción, pero Pep Canyadell vive en medio de su transformación.
Pep Canyadell vive la transformación del pickleball en España
Hablamos de un deporte como el pickleball, un deporte que se ha puesto a la moda en nuestro país a un ritmo sobresaliente y que, como muchos piensan, recuerda al auge del pádel hace unos años.
También de raqueta, este mezcla tenis, bádminton y ping-pong. Pero mientras que en Estados Unidos está totalmente consolidado y hay más de 36,5 millones de jugadores, en España aún está en proceso de profesionalización, con solo 20.000 jugadores a nivel nacional.
Como explicó en una entrevista para el periódico de ‘El Español’, Canyadell, quien es número 1 del ránking en España de este deporte, recuerda ciudades de allí donde una población pequeña tiene varias pistas públicas, parques llenos de jugadores, torneos locales que funcionan como comunidad. Aquí, no. Circuitos jóvenes, infraestructura breve, aficionados que han oído hablar de pádel o tenis, pero que están descubriendo el pickleball.
El pickleball empieza a crecer con el Pickle Pro Tour
Aun así, el crecimiento se siente. Se ha creado un circuito nacional -el Pickle Pro Tour– que recorrerá de seis a ocho ciudades en su primera temporada, con Málaga, Madrid y Barcelona entre ellas. Y todo eso con él como número uno nacional, como espejo y ejemplo de lo que puede venir si las condiciones acompañan.
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Mientras el tenis y el pádel siguen siendo deportes consolidados con estructuras maduras, Pep Canyadell ve al pickleball como una disciplina que está en su momento de eclosión, pero con barreras que afrontar.
En Estados Unidos, explica, los jugadores de buen nivel “ganan millones”; en España, todavía no es posible vivir del pickleball. El profesionalismo está en camino, pero no hay todavía circuitos tan rentables, tamaños de público tan grande, ni patrocinadores similares.
Pep Canyadell, una historia de amor y odio con el tenis
Aun así, él decide quedarse aquí. Quiere crecer dentro; quiere ser parte de que esto se profesionalice para que otros no tengan que irse al extranjero para hacerlo posible.
De golpe, Pep Canyadell dejó el que había sido el motor de su vida. Una decisión que no fue nada fácil. “Mi historia con el tenis es de amor-odio. Desde los 12 años ya entrenaba tres horas al día. No concebía un día sin tenis en mi vida”, reconoce en la entrevista.

“Estuve 6 años en Estados Unidos. Los 5 primeros los jugué en el equipo de la Universidad y el sexto pasé a ser entrenador asistente. Dejé de entrenar tan seguido, no tenía tiempo, y decidí dar un paso al lado. No fue nada fácil, pero terminé quemado”.
“Se está apostando mucho por el pickleball”
A quienes se preguntan si el pickleball es solo una moda pasajera, Canyadell tiene una respuesta clara: “Se está apostando mucho por el pickleball. Hay gente potente detrás poniendo su granito de arena y el futuro es prometedor”.
No habla de fantasías, sino de circuitos reales, de torneos que ya circulan por ciudades grandes, de jugadores que ven posibilidad de crecimiento, de clubes que empiezan a invertir, de aficionados que ya llenan pistas de fin de semana.

Aunque aún faltan infraestructuras, patrocinios sólidos y que el deporte tenga el respaldo mediático que merece, el camino que ha empezado es tangible. Canyadell no solo juega; y no solo entrena; está siendo parte activa de una revolución deportiva emergente en España. En su caso, lo que empezó como tentación de algo nuevo tras quemarse en tenis se ha convertido en posibilidad real. Y para quien lo observa, lo que antes parecía un deporte minoritario se siente ahora como territorio común, pronto al alcance de muchos.






