La trayectoria de Sergio ‘Checo’ Pérez en la Fórmula 1 ha dado un vuelco definitivo. Tras cerrar su etapa en Red Bull, el piloto mexicano se prepara para una nueva etapa con Cadillac en 2026. Un nuevo rumbo que no solo marca un cambio de colores, sino el fin de un periodo de luces y sombras en la escudería de Milton Keynes.
Lejos de la presión del ‘paddock’ austriaco, el piloto mexicano ha decidido romper el silencio sobre lo que significaba, en realidad, convivir bajo el mismo techo que Max Verstappen. Para muchos, ocupar el segundo asiento del equipo más dominante de la era actual es un privilegio. Para ‘Checo’, según sus propias palabras en el podcast ‘Cracks’, fue “el peor trabajo de la Fórmula 1”.
‘Checo’ Pérez y la trampa del “proyecto de un solo coche” en Red Bull
Esta es una afirmación que no nace de una mala relación personal con el neerlandés, sino de una estructura interna diseñada, desde el primer tornillo, para un solo hombre.

La honestidad de Pérez ha destapado la cruda realidad de la jerarquía en Red Bull. Desde su primera reunión con Christian Horner, las cartas estuvieron sobre la mesa. Como dijo. el equipo corría con dos monoplazas por obligación reglamentaria, pero los recursos y la evolución del proyecto tenían un destino único: Max Verstappen. Esta filosofía, aunque efectiva para cosechar títulos mundiales, terminó por asfixiar el rendimiento del mexicano.
“La primera vez que me siento con Christian Horner me dice que corremos con dos coches porque tengo que correr con dos coches, pero el proyecto es de Max”, señaló el piloto.
Durante los cuatro años de convivencia, Pérez tuvo que luchar no solo contra sus rivales en pista, sino contra una corriente interna que priorizaba la comodidad de su compañero. El nacido en Guadalajara reveló que, en las simulaciones previas a los Grandes Premios, sus tiempos solían ser superiores a los de Verstappen, lo que le otorgaba una confianza ciega al llegar al circuito. Sin embargo, esa seguridad se desvanecía en cuanto las actualizaciones técnicas del equipo que se colocaban en los coches.
El misterio de las “mejoras” selectivas
Uno de los puntos más críticos de su testimonio se centra en la evolución técnica del RB20, el monoplaza de la temporada 2024. ‘Checo’ recordó episodios específicos donde el coche parecía responder a su estilo de conducción, permitiéndole ser un contendiente real a la victoria en Bakú (2023).
“Me ponen un fondo plano y soy un segundo más rápido. Iba a ganar“, rememoró sobre un fin de semana truncado por un choque con Sainz. Tras ese incidente, aquel suelo desapareció de su lado del garaje para no volver jamás.
A partir de ahí, Pérez explica que la dirección técnica de la escudería tomó un rumbo que beneficiaba exclusivamente la agresividad de Verstappen, dejando a Pérez en un limbo de inseguridad. “Pienso en no chocar y choco. No tengo el control“, confesó sobre la recta final de su estancia en el equipo. Esta falta de respaldo y la sensación de ser un “piloto de pruebas” en condiciones reales terminaron por minar la moral de un corredor que ha demostrado con creces su valía con seis victorias y 39 podios.
Red Bull, un equipo en descomposición
La salida de ‘Checo’ Pérez en 2024 no fue un evento aislado. Coincidió con una crisis institucional sin precedentes en Red Bull, marcada por la marcha de figuras clave como Adrian Newey y las tensiones entre los altos mandos.

Checo relató un intercambio revelador con Horner sobre el futuro de los asientos: ante la falta de paciencia con pilotos emergentes como Lawson o Tsunoda, el mexicano vaticinó que el equipo terminaría “quemando” a todos sus talentos debido a la toxicidad del entorno.
“Le pregunté a Horner sobre lo que harían si la cosa no funcionase con Lawson. Me dijo que estaba Tsunoda. Volví a preguntar pero con el japonés, y respondió que tenían muchos pilotos. Le terminé contestando que utilizarían a todos…”, recordó.
Ahora, con la mirada puesta en 2026 y el respaldo de una marca legendaria como Cadillac, Sergio Pérez cierra el capítulo más amargo y, a la vez, más exitoso de su carrera. El mexicano como ha dicho, busca aire fresco en una parrilla que, tras sus confesiones, mira con otros ojos el legado de Verstappen y la gestión humana de una escudería que, en su afán de gloria, estuvo dispuesta a sacrificar a su segundo guerrero.






