España ya puede presumir de dos estrellas en el pecho. La selección de Luis de la Fuente cerró el Mundial de 2026 con un triunfo agónico ante Argentina, resuelto en la prórroga y firmado por un nombre que llevaba meses señalado por la crítica: Ferran Torres. El extremo valenciano apareció en el minuto 105 para certificar el segundo título mundial de la historia de España, dieciséis años después de aquel primero en Sudáfrica.
Lo insólito de esta final no fue solo el resultado, sino cómo se llegó a él. Argentina, con Messi sobre el césped disputando probablemente su última gran cita mundialista, no lanzó un solo tiro a puerta hasta bien entrada la prórroga. España asfixió el partido con posesión, presión y paciencia, dejando a la albiceleste replegada en su propio campo durante los noventa minutos reglamentarios. El Dibu Martínez tuvo que emplearse a fondo en varias ocasiones para mantener con vida a su equipo, mientras Lamine Yamal, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal probaron fortuna sin acierto definitivo.
El gol de Ferrán decide el Mundial de España
La jugada del título resumió el estilo de esta España: participación coral y ejecución fría. Pedro Porro puso un balón al área que Nico Williams prolongó de cabeza para dejar solo a Ferran Torres, que no perdonó.

Un gol construido entre varios futbolistas, incluidos dos suplentes que habían entrado poco antes, reflejo de un bloque que ha funcionado como un engranaje completo durante todo el torneo y no solo gracias a sus figuras más mediáticas.
La tensión no bajó ni en el descuento. Ya en el minuto 96, con el partido aparentemente resuelto, el árbitro anuló un gol de Nico Williams por una supuesta falta de Mikel Merino sobre Otamendi dentro del área, en una decisión que generó inmediatamente una total controversia y que obligó a alargar la agonía hasta la prórroga. Argentina, que terminó con diez futbolistas tras la expulsión de Enzo Fernández, resistió como pudo, pero no pudo evitar el desenlace.
España domina el Mundial 2026 de principio a fin
Más allá del desenlace ajustado de la final, el balance global de España en este Mundial ha sido demoledor. La selección solo encajó un gol en los ocho partidos disputados.
De hecho, nunca fue por detrás en el marcador durante toda la competición, un dato que confirma la solidez defensiva como una de las grandes señas de identidad de este equipo. Rodri, capitán y metrónomo del vestuario, se llevó el premio al mejor jugador del campeonato, mientras que Pau Cubarsí, con apenas veinte años, fue reconocido como el mejor joven del Mundial.
Una generación que ya es historia
España encadena así su segundo título mundial después de más de cuarenta años de sequía anteriores a 2008, cuando arrancó una época dorada que ya incluye tres Eurocopas y dos Mundiales. Aquella generación de 2010 vio crecer desde la grada a estos nuevos campeones, que ahora colocan a la selección española justo por detrás de las cuatro potencias históricas del fútbol mundial en el palmarés de la Copa del Mundo.

Con esta segunda estrella, España deja de ser solo el recuerdo de Sudáfrica para instalarse definitivamente entre los grandes del fútbol internacional. Luis de la Fuente ha construido un equipo capaz de sufrir sin desnaturalizarse y de resolver los partidos más exigentes con un gesto de calidad cuando el marcador más lo pedía. El Mundial de 2026 quedará grabado como el torneo en el que España confirmó, con hechos y muchos gestos, que pertenece a la élite absoluta del fútbol mundial.






