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El nuevo pádel: así dispara el pickleball la demanda en España

Hace una década el fenómeno tenía otro nombre: pádel. Hoy hay un deporte de raqueta, el pickleball, repitiendo el mismo guión de expansión en España, solo que más rápido. No es percepción: la Real Federación Española de Tenis (RFET), que tutela esta disciplina en nuestro país, documenta un crecimiento que ya empieza a notarse en el mercado de equipamiento.

El salto que certifica la RFET

La Real Federación Española de Tenis (RFET), que tutela esta disciplina en nuestro país, documenta el giro: el número de jugadores activos se ha duplicado largamente en apenas dos años, pasando de 10.000 a superar los 20.000 entre 2023 y 2025. No es una moda pasajera medida en publicaciones virales, sino federados reales inscritos en un deporte que hasta hace poco era una curiosidad de importación estadounidense.

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El patrón es reconocible para cualquiera que siguiera la expansión del pádel hace una década: primero crecen los practicantes, después los clubes, y por último el mercado de material específico empieza a moverse con fuerza propia. El pickleball, esa mezcla de tenis, bádminton y ping-pong que se juega con pala y una pelota de plástico perforada, está recorriendo ese mismo camino, solo que con un indicador adicional a su favor: el interés de búsqueda en Google ha subido un 1.000 % en España en el último lustro, un salto que suele anticipar justamente este tipo de boom de infraestructura y consumo.

El precio de entrada al pickleball

Ese crecimiento ya se traduce en un mercado de equipamiento con recorrido propio. La guía de idealo.es sobre pickleball sitúa el coste de equiparse entre los 22 € y los 256 €, con tres escalones bien diferenciados:

— Iniciación (22 € – 80 €, media de 56 €): palas de fibra de vidrio con un punto dulce amplio, pensadas para perdonar el golpe fallado del principiante.

— Intermedio (80 € – 150 €, media de 114 €): núcleos de 14-16 mm en carbono o Kevlar, ya orientados a ganar control de forma consistente.

— Avanzado o competición (150 € – 256 €, media de 199 €): carbono crudo T700 y homologación USAPA, el sello que exigen los torneos oficiales.

La brecha por marca es todavía mayor que por nivel: idealo cifra el precio medio global del catálogo en 84,62 €, pero ese promedio esconde fabricantes de entrada como Sporti France (22,17 € de media) junto a firmas de gama premium como Rotstern, que roza los 200 €.

Dónde no compensa gastar de más

El propio análisis desmonta uno de los mitos más repetidos entre quien se inicia: que conviene comprar ya la pala “buena” para no tener que cambiarla pronto. Según los datos de idealo, la homologación USAPA solo marca una diferencia real si se compite en torneos oficiales; en el juego recreativo o de club, que es el que está tirando del crecimiento en España, el rendimiento se nota en el material (carbono, núcleo de espuma) y no en ese sello.

La recomendación que se deduce del propio estudio va en la misma dirección: empezar en la banda de 40-60 € y reevaluar pasados dos o tres meses de juego regular, que es lo que tarda la mayoría en notar los límites de una pala de iniciación, sale más rentable que pagar 150 € de salida por prestaciones que todavía no se van a aprovechar.

Si la curva de jugadores sigue el ritmo que marcan la RFET y Google Trends, el mercado de equipamiento de pickleball seguirá creciendo al mismo paso que las pistas y los clubes. La pregunta, como ya pasó con el pádel, no es si el pickleball va a asentarse en España, sino cuánto va a tardar.

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