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Economía

China y el fútbol: cuando el dinero y la política no lo son todo

Javier Mascherano, Ezequiel Lavezzi, Yannick Carrasco, Hulk, Paulinho, Stephan El Shaarawy, Jackson Martínez, Marouane Fellaini, Juanfer Quintero, Marko Arnautovic, Oscar, Cédric Bakambu… ¿Qué tienen estos jugadores en común, aparte de una larga trayectoria en algunos de los mejores clubes del mundo (Barcelona, River Plate, Atlético de Madrid, Manchester United, Corinthians, Paris Saint-Germain, Atletico Mineiro, Villarreal, Milan, Oporto, Inter, San Lorenzo de Amagro, Tottenham…)?

Respuesta: han jugado o, en algún caso aislado, siguen jugando en la Superliga china. Una competición nacida en 2004 y que, tras casi dos década de inversiones millonarias y fuerte apoyo político, está en el aire: no se sabe concretamente cuándo empezará su próxima temporada —aunque el objetivo es que sea este mes—, no se sabe qué formato tendrá y lo único que de verdad se sabe es que lo hará con un número muy reducido de equipos.

Entre ellos, no estarán algunos de los más importantes de su corta historia. Por ejemplo, no competirá el Jiansgu Suning, campeón en 2020… que desapareció en 2021 por problemas económicos; ni tampoco el Guangzhou, el más laureado, con nueve campeonatos —y con entrenadores como Marcello Lippi, Fabio Cannavaro o Luiz Felipe Scolari a sus espaldas—, que fue arrastrado el año pasado a la Segunda División por la famosa crisis del que era su patrocinador, la inmobiliaria Evergrande; ni tampoco lo harán el Hebei —en el que jugó Mascherano— o el Zibo Cuju, que fueron disueltos el mes pasado, también por razones económicas…

Por supuesto, tampoco participará la gran mayoría de los jugadores extranjeros más conocidos que estaban hasta ahora en ella —entre los cuales, varios de los antes citados—, pues se han marchado a otras Ligas o están tratando de hacerlo.

Y si pasamos de los clubes a la selección nacional, el panorama no pinta mucho mejor. El equipo chino ocupa actualmente el puesto 80º en la clasificación mundial que hace unos días hizo pública la FIFA, por detrás de Gabón. Un puesto muy parecido al que ocupaba cuando se puso en marcha el último programa nacional de fomento del fútbol, hace ya ocho años.

Las razones de un fracaso

Un reciente reportaje publicado en The New York Times apunta a varias razones para explicar el fracaso del fútbol chino. Por un lado, factores externos de singular gravedad, entre los que destacan los efectos de la pandemia del covid y la recesión económica. Por otro, factores internos del propio sector del fútbol chino: inversiones públicas y privadas tan erradas como astronómicas, corrupción desbordada, falta de talentos deportivos nacionales y la misteriosa incapacidad del país para triunfar en los deportes de equipo, mientras que sí lo consigue en los individuales.

En realidad, no se sabe a ciencia cuánto ha invertido China para promover el fútbol en los últimos años. El diario estadunidense dice varias veces, de manera harto vaga, que “miles de millones” de dólares, una indefinición que tampoco puede extrañar en un país que sigue siendo particularmente hermético.

Sí sabe algo más de que la mayor esperanza para desarrollar el futbol nacional de un Gobierno cuyo presidente, Xi Jinping, ha sido frecuentemente fotografiado jugando con un balón o subrayando su afición la balompié desde que era niño, era la introducción formal de este deporte en los planes de enseñanza, acompañada de un programa para crear miles de nuevas escuelas de fútbol, hasta llegar a las 50.000 en 2025.

El funcionario del Ministerio de Educación responsable del programa, Wang Dengfeng, antiguo vicepresidente de la Federación China de Fútbol, dijo no hace mucho que habían logrado crear ya 30.000 escuelas y que más de 50 millones de niños estaban aprendiendo en ellas… pero fue objeto de una investigación por corrupción en agosto de 2022 y detenido a mediados del pasado mes de febrero, o sea que a saber…

No es un caso aislado. Al parecer, un número elevado —y nuevamente indeterminado— de altos cargos del mundo del fútbol chino están siendo investigados o ya han sido arrestados por cargos de corrupción. Li Tie, que fue entrenador de la selección nacional entre enero de 2020 y diciembre de 2021, así como jugador del Everton y del Sheffield United, afronta una investigación por “grave violación de las leyes” (eufemismo chino para aludir a la corrupción) desde noviembre de 2002; y a Chen Xuyuan, presidente de la Federación nacional de fútbol desde 2019, le ocurrió lo mismo el pasado mes de febrero.

En 2015, Xi Jinping declaró que «mi mayor esperanza para el fútbol chino es que sus equipos lleguen a estar entre los mejores del mundo». Tendrá que seguir esperando.

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