El inicio de la temporada en el circuito de Australia se ha convertido en el barómetro definitivo para medir la ambición de Aston Martin. Tras un invierno marcado por el hermetismo y el trabajo en el túnel de viento, el equipo de Fernando Alonso vislumbra la primera carrera del año con la posibilidad de establecerse como la alternativa real a los equipos punteros.
Claro que la expectación en el nuevo AMR26 no solo reside en el rendimiento del coche, sino más bien en comprobar si la estructura liderada por Lawrence Stroll ha logrado finalmente descubrir todo lo que esconde el nuevo reglamento de motores y de aerodinámica de 2026. ¿Hasta dónde podrá llegar Aston Martin en la primera carrera del año?
Aston Martin quiere empezar el año en Australia luchando por los puestos que dan acceso al podio
Sí, es cierto que Aston Martin apenas ha podido rodar en condiciones reales con las nuevas unidades de potencia de Honda. Su retraso en Barcelona, propiciado sobre todo a que el túnel de viento no estuvo a pleno rendimiento hasta abril, les hizo ser de los últimos en llegar a los primeros test de pretemporada (excepto Williams), perdiéndose día y medio de las tres jornadas que los equipos tenían derecho a rodar.

De todas formas, y pese a ello, los datos que arrojan las simulaciones han puesto en alerta a toda la parrilla, y en Silverstone no se esconden: el objetivo para Australia es pelear directamente por los puestos que dan acceso al podio y lograr un coche capaz de estar entre los mejores.
La confianza en el proyecto es tan alta que el enfoque ya no es simplemente puntuar, sino entender en qué margen de ventaja se podrían encontrar sobre la zona media. La integración del motor japonés con el chasis diseñado por Adrian Newey en la nueva fábrica ha dado resultados que, según las informaciones, han superado las expectativas iniciales de carga aerodinámica.
La hoja de ruta de Adrian Newey con este Aston Martin parece clara y repite su fórmula de éxito en Red Bull: poner en pista un monoplaza con un margen de mejora enorme. Más allá de lo que veamos en Australia, han optado por contar con una base que permita evolucionar y ganar rendimiento en cada Gran Premio a lo largo del año. Es un coche diseñado para crecer a lo largo de toda la temporada.
La preocupación en Mercedes ante el “factor Newey”
De hecho, el mismo Newey, recién incorporado como director de la escudería, quiere evitar errores de concepto cerrados. “Hemos construido algo con mucho potencial de desarrollo. No queríamos optimizar al límite sin dejar espacio para evolucionar”, explicó hace una semana. Se trata de una ‘plataforma abierta’, como la llaman, lista para recibir piezas nuevas desde la primera cita en Australia.

En el box de Mercedes no han pasado por alto los progresos de sus vecinos de Silverstone. James Allison ha sido de los más claros al analizar lo que se espera de Aston Martin en Australia. Desde la escuadra alemana apuntan que los datos de flujo de aire y eficiencia que emanan del túnel de viento de Aston Martin son “preocupantes” para el resto.
En Mercedes admiten que el concepto aerodinámico de Newey parece haber encontrado un atajo en el reglamento que los demás todavía están intentando comprender.
Esta visión de los rivales sitúa a Aston Martin como un posible aspirante al podio, y con la capacidad de descubrir hasta dónde pueda llegar realmente el nuevo motor Honda. El respeto hacia la figura del ingeniero inglés es total, y en la parrilla se da por hecho que el coche tendrá soluciones innovadoras en la suspensión y el suelo que marcarán la diferencia en el bacheado trazado de Melbourne.
Lo que dicen las apuestas: Alonso, entre los favoritos
El mercado de las apuestas refleja este optimismo que rodea al equipo. A día de hoy, las cuotas sitúan a Fernando Alonso con una probabilidad de victoria en Australia similar a la de los pilotos de Ferrari, con valores que rondan los 21.00 por euro apostado. Si bien Max Verstappen (3.75) y George Russell (4.00) parten como los grandes candidatos, Fernando Alonso se ha colado en el grupo de cabeza, por delante de nombres como Lewis Hamilton.
Aun así, estos números son volátiles. Los analistas de las casas de apuestas saben que un solo problema de fiabilidad en los test de Bahrein podría cambiar las cuotas drásticamente. Lo que sí es un hecho es que el ‘efecto de la 33’ sigue vivo en la mente de los apostadores, que ven en la alianza Aston Martin-Honda la combinación con un buen potencial para luchar por los puestos de cabeza.

Más allá de la aerodinámica, el gran reto de este año para todos los equipos reside en las nuevas unidades de potencia. Con el motor eléctrico aportando el 50% de la energía total, la gestión de la batería será el factor que decida las carreras. Todavía no sabemos cómo responderá el sistema de Honda ante las exigencias de una distancia de carrera completa o cómo gestionarán los pilotos los nuevos modos de ‘boost’ y ‘recarga’.
Sobre la incertidumbre de las nuevas normas, Newey ha sido muy claro: “Solo lo sabremos cuando veamos el resto de coches. Nosotros seguimos nuestra propia dirección”, dijo en la última entrevista concedida para Aston Martin.
Un coche “previsible y dócil”
Aunque el coche apenas ha pisado el asfalto de forma oficial, los pilotos de pruebas y los titulares han pasado cientos de horas en el simulador. Lo que llega desde dentro es un mensaje de calma pero de enorme potencia. Como explicó Vandoorne, reserva y tercer piloto, se ha visto al AMR26 como un coche que es “previsible y dócil“. En la F1 de hoy en día, un coche fácil de conducir desde el primer momento suele ser sinónimo de un coche rápido.
También se dice que el monoplaza ha eliminado los problemas de resistencia al avance que lastraron al equipo en el pasado, pudiendo lograr una buena velocidad punta sin sacrificar el paso por curva lenta. Esto es lo que hace pensar que en Australia, un circuito que exige frenadas fuertes y buena tracción, el coche verde tendrá algo que decir. El cuánto, solo se verá en la pista.






