Javier Tebas laliga
Área jurídica

Durísimo revés a la estrategia judicial de Javier Tebas

El juez Alejandro Abascal, del Juzgado Central n.º 1 de la Audiencia Nacional, ha cerrado la instrucción del ‘Caso Soule’ y, con ello, ha dado un durísimo golpe a la estrategia persecutoria del presidente de LaLiga, Javier Tebas.

Un día sí y otro también, vemos cómo Javier Tebas dedica su mayor parte del tiempo a ejercer funciones similares a las que ejercía el antiguo Inquisidor Mayor del Reino, persiguiendo a los que él entiende como los grandes maleantes del fútbol.

Tebas facturó a clubes de LaLiga a través de su bufete siendo presidente

Está convencido de que solo él puede salvar al fútbol de las tinieblas en las que está sumido. Persigue por tierra, mar y aire a los clubes de la Premier que están sumidos en el pecado. Está obsesionado con los clubes franceses, principalmente si sus propietarios vienen de territorios de infieles. Persigue cada semana a los aficionados de los clubes que asisten a los campos de fútbol y tienen comportamientos indecorosos. Persigue a los periodistas que no obedecen la doctrina y no son afines a la causa. Persigue y castiga cada semana a los clubes de su propia organización que no aceptan sus reglas. Presenta continuas demandas contra los clubes no afines dentro de su peculiar entramado y encorseta hasta la asfixia a aquellos que no manifiestan pleitesía a su figura.

Eso sí, da manga ancha a los que forman parte de su corte.

Pero su gran obsesión es la persecución de la Real Federación Español de Fútbol (RFEF) y la de sus dirigentes. El número de demandas y denuncias que él o sus allegados han presentado contra la organización federativa y contra los dirigentes de esta es innumerable. Si no tenían suficiente con todas las denuncias penales presentadas, ahora él y su alter ego se han dedicado a denunciar ante los jueces todas las resoluciones del Presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD) que no le gustan. Llegan, incluso, al esperpento de denunciar que forman parte de la estructura deportiva de la FIFA y la UEFA. No quieren formar parte de ella y no les importa decir una cosa y la contraria, y quedarse tan anchos si la finalidad de ir contra los clubes díscolos y no afines lo necesita.

Se presenta como el abanderado de la lucha contra la Superliga, incluso yendo más allá de lo que ha ido la propia UEFA, porque está siempre preparado para ser el primero de la clase de los inquisidores, aunque defienda en los tribunales de la UE exactamente todo lo contrario de lo que defienden él y su adlátere en los tribunales en España. ¡Qué importa si de lo que se trata es de ir en contra de todo y denunciarlo todo!

Imagino que este tipo de comportamientos deben ejercer en esas personas una estimulación interna de autosatisfacción indescriptible. Cada noche, cuando se miran en el espejo, se preguntan ¿a cuántos hemos metido en la cárcel hoy? ¿cuántos años de prisión —si pudiera ser en mazmorras, ya sería lo sublime— les van a caer? No podemos ir a dormir sin la buena acción diaria de haber denunciado a alguien.

Se sienten satisfechos y orgullos de ser así, qué le vamos a hacer.

Pero él y su adlátere deben vivir momentos muy duros. Entiendo que Tebas debe estar muy afectado al comprobar que en Europa nadie le hace caso; que debe recurrir a los terceros o cuartos niveles de clubes para mantener sus ideas de cómo debe ser el fútbol en Europa; que archivan todas las demandas penales que presenta; que difunde que gana los pleitos contra sus clubes, cuando la realidad es que los pierde; que hace ver que es el primero en denunciar comportamientos inadecuados en los campos, cuando hay otros que ya han hecho su trabajo mucho antes; y, la gran decepción, la mayor decepción en años de trabajo: pese a intentarlo por todos los medios, no ha conseguido llevar a la RFEF ni a sus árbitros como imputados al juicio del ‘Caso Soule’.

Entiendo que su decepción en estos días debe ser mayúscula. Tanto esfuerzo, tanto dinero gastado (de otros), tantos penalistas a su servicio, tantos medios afines difundiendo sus proezas persecutorias del mal, para que ahora el Juez de la Audiencia Nacional decida dar la investigación por finalizada, sin que se haya visto indicio alguno de delito en el tema de las justificaciones del dinero público y del dinero privado realizadas por la RFEF y sus máximos dirigentes en relación con los árbitros.

El lector quizá recuerde que, por estas fechas, el año pasado, todos los medios afines daban pábulo a su obsesión inquisidora diciendo que la RFEF había defraudado nada menos que 267 millones de euros de ayudas públicas. Después, tuvo que reconocer que había sido una exageración de una noche de calentura en la purga de los infieles y que eran solo 7 u 8 millones, pero que esos eran seguros. Y, además, lo justificaba con un informe de la Intervención del Estado al que hacía decir lo que no decía.

Ahora, cuando ha llegado el momento de la verdad, ni 8, ni 7, ni uno, ni medio. Nada. Ni un euro ha considerado el Juez que puede ser reprochado a la RFEF en relación con el dinero de los árbitros. Y lo más frustrante para Tebas, ante tanto empeño y empleo de energías, es que, encima, la Intervención General del Estado le dice que el único obligado a justificar todo ese dinero es él.  

Debería reflexionar el Presidente de LaLiga sobre si esta forma de actuar, obsesiva contra todo y contra todos, no habrá acabado ya por transformarse en un boomerang gigantesco que le está llegando sin darse cuenta.

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