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⚽ Fútbol

El infierno de Cazorla: desvela todos los detalles de su calvario

Santi Cazorla ha vuelto a narrar uno de los capítulos más duros de su carrera deportiva. Una lesión en el tendón de Aquiles que no solo le apartó del fútbol, sino que dio un giro crítico por su gravedad. El de Llanera recuerda aún los momentos de duda, dolor y miedo por su futuro.

El Oviedo entra en una nueva “dimensión” tras la llegada de Cazorla

Según explica en una entrevista para el diario MARCA, la lesión derivó en gangrena y afectó un tramo de 11 centímetros del tendón de Aquiles. No se trataba solo de una lesión habitual de un deportista; el daño era tan grave que puso en riesgo incluso su movilidad.

Cazorla relata su calvario: la grave lesión en el tendón de Aquiles que casi le retira del fútbol

Todo empezó en un partido de la selección contra Chile, en el año 2013. “Recibí un golpe que me fracturó un hueso del pie. Fue entonces cuando empecé a recibir inyecciones de corticosteroides para aliviar el dolor. Con el tiempo, se volvió insoportable”, fue detallando en una entrevista para el diario MARCA.

“Prácticamente jugaba llorando. Ya no lo disfrutaba. Cuando salí del campo ese día, le dije al médico: ‘Se acabó, tenemos que encontrar una solución‘”.

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Aquella lesión derivó en gangrena (afecciones que pueden dañar los vasos sanguíneos y reducir el flujo de sangre a las extremidades) lo que le afectó un tramo de 11 centímetros del tendón de Aquiles.

De la gangrena al regreso: Cazorla narra su recuperación más dura

Y lo cierto es que no se trataba solo de un daño físico, sino de un riesgo real sobre su movilidad y carrera. “No era solo dolor, era miedo a no volver a caminar con normalidad”, confesó Santi Cazorla, recordando los días en los que la rehabilitación se medía en microvictorias y cada sesión en la clínica suponía una prueba de paciencia y resiliencia. La amenaza de complicaciones estaba siempre presente, y cada decisión médica podía marcar la diferencia entre volver a jugar o quedarse fuera para siempre.

La operación y la rehabilitación fueron solo el primer capítulo de un proceso que exigió disciplina extrema. Cazorla explica que cada fase era minuciosamente controlada, desde el cuidado del tendón hasta los ejercicios de fortalecimiento, pasando por la monitorización constante de cualquier signo de infección. La recuperación física se acompañó de un trabajo mental constante, que incluía superar la frustración y aprender a medir los tiempos sin forzar el cuerpo. “No era solo volver al campo, era volver siendo mejor”, relata el futbolista.

“No era solo volver al campo, era volver siendo mejor”

El hoy jugador del Real Oviedo, con el que logró el ascenso la pasada temporada, señala que “en Inglaterra me dijeron que corría el riesgo de perder la pierna, desde la rótula hacia abajo. Mi médico español me tranquilizó. La gente solía decir que minimizaba la gravedad de la lesión. Al final, esa negación me ayudó a mantenerme optimista. Las pruebas demostraron que mi brazo izquierdo era el más adecuado para hacer un injerto. Ahí tenía el tatuaje de mi hija. Como resultado, ahora tengo la otra mitad en el pie. Hoy sonrío ante esta pequeña señal del destino”, dice.

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El calvario de Cazorla cambió su forma de ver el fútbol y la vida. Hoy, en el club asturiano, transmite seguridad y ayuda a los compañeros más jóvenes con su experiencia. No solo destacan su calidad con el balón, sino también su fortaleza mental y la manera en que sabe orientar al equipo. “Valoro cada minuto”, asegura, recordando que cada partido son un logro tras haber estado tan cerca del abismo. De hecho, Cazorla apunta a poner fin a su carrera al final de este curso: “Todo indica que será mi última temporada. Quiero disfrutar cada momento, saborear lo que queda y cuidarme al máximo”.

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