Fútbol internacional

Gabriel Jesús, el Arsenal y el Manchester City: una operación ‘redonda’

No debe haber muchos traspasos recientes más exitosos y redondos que el de Gabriel Jesus. Una de esas operaciones que han satisfecho tanto el deseo de los dos clubes implicados, como las necesidades que demandaba el jugador para crecer. Y, de camino, puede que incluso Brasil vaya a encontrar en su figura al delantero centro que tanto ansía desde hace años.

🎯 Gabriel Jesus acertó al cambiar de aires

El brasileño cayó de pie en Londres. Sus números en la pretemporada previa a su debut en partido oficial presagiaban un aterrizaje muy potente, y el inicio de la 2022/2023 así lo corroboró. En sus diez primeros encuentros, Gabriel Jesus marcó cinco goles y repartió cuatro asistencias. Eso seguramente le quitase presión, dado que llegó por 50 millones de euros, con el cartel del «próximo goleador del Arsenal».

Algo que, por instintivo que se mostrase en el Manchester City, especialmente en condición de revulsivo o como ‘plan B’ de Guardiola, nunca fue desde que pisó la Premier League. Ni siquiera fue un delantero centro, como skyblue tuvo más peso partiendo de banda que como punta. Eran Foden y De Bruyne, de hecho, quienes alternaban funciones de falso ‘9’ antes de que Erling Haaland monopolizase esa demarcación.

Gabriel Jesus era un agitador de partidos. Voraz, puntual, con muchísimo olfato para leer los espacios y ejecutar desmarques cortos para recibir o atraer miradas que sirvieran como señuelo para que sus compañeros desatascasen los partidos. Con amenaza a campo abierto, algo que mantiene más desde lo colectivo que individual; pero, ante todo, un atacante valioso para enfrentarse a bloques más bajos. Sigiloso, que escondía bien sus intenciones, contaba con maniobras bastante autosuficientes para generarse situaciones de remate y no necesitaba intervenir en exceso para hacer daño. Desde fuera da la sensación de que ofreció más de lo que exigió.

Ahora, como delantero titular del Arsenal, su rol ha cambiado mucho y sus aptitudes han evolucionado. O, al menos, lucen de forma diferente. Gabriel Jesus ha alcanzado un punto de madurez mayor, a la vez que se ha visto con más responsabilidades asociativas y creativas. Sus combinaciones a pocos toques en espacios reducidos son diferenciales y sus conducciones con cambios de ritmo y dirección en el carril central, especialidad de la casa, le convierten en uno de los puntas más escurridizos del mundo. Por eso tiene mucho sentido que tenga un rango de acción mayor que en el Manchester City y retenga más la pelota.

Rice y Havertz para acercar al Arsenal a la Premier

Su asentamiento en la élite llega en un momento ideal para que también gane protagonismo con la selección de Brasil, país al que ya ha representado hasta en 63 ocasiones desde su debut en 2016, cuando apenas tenía 19 años. Tiene muchas más presencias con Tite de las que parece: Tal vez, porque siempre estuvo discutido, por Roberto Firmino primero y por Richarlison después, con cameos de Paquetá o Gabigol entre medias. Ahora, con 26 primaveras, lo lógico es pensar que pueda asentarse como el delantero centro titular, no solo por un tema de nivel, también porque en el fútbol líquido que promueve Fernando Diniz parece ser la pieza que mejor encaja, salvo que Rodrygo Goes explote como ‘9’. Más aún, sin el desequilibrio de Neymar (lesionado) desde la mediapunta.

😎 Al City no le ha ido mal

Es complicado saber si Gabriel Jesus habría explotado de la misma forma en Manchester. Lo lógico es suponer que no habría sucedido, porque el delantero brasileño pasó de ser un recurso en plantilla para Pep Guardiola, a un futbolista elemental para el discurso de Mikel Arteta. Eso sí, qué recurso fue en el Etihad, uno que a día de hoy todavía añoran. Y que, desde el Santiago Bernabéu, todavía no han olvidado, tras su magnífica eliminatoria con un confinamiento de por medio.

Julian Álvarez Manchester City

Julian Álvarez promedia un gol cada dos partidos desde que llegó al Manchester City, mientras que Gabriel Jesus marcaba un gol por cada 232 minutos en sus últimas dos campañas.

No es que Gabriel Jesus no fuese útil para Guardiola, ni mucho menos. Más bien, los motivos para que el Manchester City haya pasado página tan fácilmente, tienen que ver con la llegada de Julián Álvarez y los más de 50 millones de euros que ingresó el campeón de Europa por el traspaso del exjugador de Palmeiras. Es la tercera venta más cara de su historia, y eso que nunca fue titular de forma prolongada. Pero, sobre todo, ha sido el canterano de River Plate quien ha llenado el vacío que dejó Jesus. Por precio (20 millones), habilidad y forma. Igual de polivalente; o, incluso, más, porque el argentino también destaca en labores de centrocampista, para gestar la jugada y no solo acelerarla y finalizarla.

🏗️ Un Arsenal edificado en torno a su figura

El Arsenal ha cambiado bastante desde su llegada. En parte, gracias a que es un dos en uno que ha facilitado mucho el asentamiento del 1-4-3-3 que Arteta declaró que buscaba desde su regreso al norte de Londres, en condición de entrenador. Simplemente, al principio no pudo construir un equipo como el que ya tiene hoy en día. Su primer Arsenal fue más reactivo y contragolpeador. Y, sus primeros esquemas, muchas veces se asemejaban más con un 1-4-2-3-1 o 1-4-4-2 que juntase la verticalidad en el desmarque de Pierre-Emerick Aubameyang con la creatividad en los apoyos de Alexandre Lacazette.

En la transformación también ha sido clave el desembarco de Martin Ødegaard, un centrocampista de vocación ofensiva que ayuda a juntar al equipo en torno al balón e imagina mucho más que el centro del campo que se encontró Arteta cuando llegó. Por mucho que los gunners sean ahora un equipo con mayor fondo de armario y que Eddie Nketiah haya aprovechado sus oportunidades y que sea otro perfil que trasciende al aspecto rematador, Gabriel Jesus es uno de los insustituibles del Arsenal. Principalmente, de ‘9’, pero también como un extremo de lo más sacrificado en movilidad, presión y repliegues. Capacitado para llenar el hueco en la izquierda cuando Martinelli o Trossard se ausentan, y el corazón de un Arsenal que vuelve a ilusionarse con su veneno.

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