Atlético - Valladolid
Opinión

Un alcalde y un ataque de “hooliganismo”

“Esta competición hace tiempo que no está bajo sospecha. Eso era antes. Ahora ya no hay sospechas. Hay certezas”.

La competición es la Liga Española. Y el motivo del mensaje, las manos que Saúl, jugador del Atlético de Madrid, cometió en el área de su equipo en el reciente partido contra el Valladolid cuando el resultado era de 2-3 (y que se convirtió finalmente en un 2-5) sin que el árbitro de campo (Mateu Lahoz) señalara penalti, ni el del VAR (Estrada Fernández) le llevara a ello.

Las frases en sí no tienen una especial significación. Sea en las redes sociales, sea en la barra de un bar, es fácil que estén en fuerte sintonía con las que han proferido muchos seguidores del equipo de Pucela. Y a estos no les consolará nada que un exárbitro, Iturralde González, comentara inmediatamente tras la jugada en un medio de comunicación que “el balón le pega en la mano a Saúl, pero la tiene abajo y le viene del despeje de un compañero. No es punible nunca”.

Nada de esto importa mucho. Pero lo que sí importa, lo que resulta significativo y poco habitual, es que esas palabras hayan sido escritas y difundidas por Óscar Puente, alcalde de Valladolid.

 

Un inquietante consejo

Y no se ha quedado ahí. Ese “tuit” es solo uno de los siete que el regidor pucelano difundió al respecto tras el partido. En ellos, afirma cosas tales como que “lo de las manos al final es muy sencillo. Si son en el área del Valladolid, son todas. Si son en el área en la que ataca el Valladolid, no son ninguna. Para qué le vamos a dar más vueltas”; “en el área en la que ataca el Valladolid rigen las reglas del baloncesto”; “ROBO”; “el VAR en realidad existe para que sepamos, ya que nos roban en la p… cara…»

Y, tras estos y otros comentarios, llegó el último, el más inquietante: “No esperes resultados diferentes haciendo las mismas cosas. Lo dijo Einstein. Es una reflexión que dejo ahí, esta noche, para que la interprete quien quiera”.

Es inquietante viniendo de quien viene. Al margen de que parece ser que Einstein jamás dijo semejante cosa, el consejo se presta, en efecto, a amplia interpretación. No obstante, la que resulta más plausible es que el alcalde de Valladolid está animando a los dirigentes y seguidores del club pucelano a que se echen al monte.

Lo público y lo privado

Es sin duda admisible que el ciudadano Óscar Puente piense de esa manera y comparta tales opiniones en privado.

También es legítimo, porque forma parte de los procesos de percepción que habitualmente se dan en el fútbol, que los aficionados del Valladolid —incluido el ciudadano Óscar Puente— estén convencidos, con razón o sin ella, de que varias decisiones de árbitros y VAR que han sufrido esta temporada les han perjudicado muy injustamente.

Sin embargo, no parece igual de aceptable —sino, más bien, lo contrario— que el principal representante político de una de las ciudades más importantes de España se desahogue públicamente como si fuera un “hooligan”; califique implícitamente de corrupto uno de los acontecimientos deportivos sociales y económicos más relevantes del país (la Primera División de nuestro fútbol), y promueva —si se interpretan lícitamente sus palabras de una determinada manera— una especie de confusa rebelión institucional y comunitaria.

Sin duda, esta salida de tono no es del todo ajena a la trayectoria de un político que se convirtió en alcalde de la ciudad en 2015, después de cosechar el peor resultado electoral registrado hasta entonces por el PSOE en la capital castellana, y que desde entonces ha protagonizado varias más.

Pero, en esta ocasión, el exabrupto parece ir más allá de la raya si se piensa en la relevancia institucional de su función, en la sensible repercusión que pueden tener sus declaraciones públicas, en su conocida cercanía con el Presidente de Gobierno y en la responsabilidad que le atañe a la hora de no contribuir a la crispación de un país ya bastante crispado.

Todo ello, sin duda, es una lata, pero seguramente está en el cargo y en el sueldo.

Ir al contenido