Dominic Thiem
Tenis

Dominic Thiem, un talento esclavo de las lesiones

Dominic Thiem vive una batalla contra sí mismo. Su talento, el que le elevó a los altares, intenta minimizar los daños de un mermado físico que le ha hecho terrenal. Tras un 2022 que sirvió de toma de contacto, después de una lesión de muñeca que dio más guerra de lo esperado, el austriaco ha arrancado 2023 con dos derrotas y un problema abdominal. Con casi 30 años y fuera del top 100, en su corazón brota la esperanza de retomar un nivel que estuvo a punto de llevarle a la cima.

🥇 Un aspirante a número uno

Solo tres tenistas ajenos al big three han levantado un Grand Slam en los cuatro últimos años. Thiem es uno de ellos. El austriaco no emergió tan precoz como otras figuras, pero supo madurar bien su talento. Levantó su primer Masters 1000 (Indian Wells) en 2019, una temporada que cerró entre los cuatro mejores del mundo. Superior a los de su quinta —Goffin, Kyrgios…— y a los más pequeños —Tsitsipas o Zverev—, se erigió como la principal alternativa a la generación persistente.

Y ejecutó su plan. Necesitó esperar, eso sí. Tras tres finales perdidas (Roland Garros 2018 y 2019 y el Abierto de Australia 2020) alzó su primer major en la ocasión más propicia: en el US Open ante Zverev. La experiencia del austriaco en las rondas finales marcó un duelo en el que se vislumbró el miedo a perder en ambos lados de la pista. Quién le iba a decir en ese momento a Thiem, tras acabar tres del mundo, que en el año señalado para asaltar el trono (2021) iba a vivir un calvario que le puede haber apartado del tenis al máximo nivel para siempre.

🚑 El físico y la inactividad lastran a Thiem

Esa otra fecha estará marcada también en el calendario de Thiem. Verano, España… y no precisamente playa. El austriaco disputó el ATP de Mallorca como antesala a Wimbledon y acabó retirado frente a Mannarino por unas molestias en la muñeca. Difícil prever por entonces que esa dolencia se traduciría en un calvario que todavía prosigue.

Estuvo detenido casi nueve meses, antes de regresar al circuito en torneos de menor entidad. Participó en Marbella (marzo 2022) y no ganó un partido hasta el mes de julio, en Austria. Por el camino, siete tropiezos consecutivos y la sensación de que algo no marchaba bien. Finalmente, cerró el año con un pobre balance (18-16) y alguna victoria de prestigio, como las que cosechó ante Dimitrov o Hurkacz.

💥 El Abierto de Australia, otro mazazo

Thiem escogió Adelaida como preparación para el primer major del curso. Físicamente, se veía apto: «Mi cuerpo está perfectamente». Eso sí, las dudas para medirse a oponentes de cierto calado estaban ahí: «No sé cuál es mi nivel en este momento. Llegar lejos es muy difícil. He tenido una muy buena preparación. Debería estar listo». La realidad difiere mucho de estas sensaciones.

El austriaco cayó a las primeras de cambio en Adelaida ante Soon Woo, número 83 del ranking. Y en Melbourne, más de lo mismo frente a un complicado Andrey Rublev. Lo peor no es este balance inicial, sino su físico. Dominic reclamó la presencia médica durante su encuentro ante el ruso. Esta vez no fue la muñeca, sino la zona abdominal. Desde ese momento se le vio sufrir con el servicio una y otra vez, hasta acabar en la lona.

Thiem es actualmente el 98 del mundo —saldrá del top ten tras Australia—. Si los problemas en la muñeca se han subsanado, su talento debería ser más que suficiente para volver a codearse con los mejores. Por el momento, su físico y su tenis pagan la inactividad de un tenista acostumbrado a acumular partidos y triunfos. Como Nadal, Thiem es otro esclavo de su cuerpo, aquel que le ha permitido brillar y que ahora le castiga. Este 2023 cumplirá 30 años, y ojalá lo haga con una raqueta en la mano.

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