Atlético de Madrid 2-1 Rayo Vallecano
Atlético de Madrid

Memphis Depay rescata al Atlético de Madrid en el descuento

El Atlético de Madrid, una vez más, ha firmado un ejercicio de supervivencia. Ante un combativo Rayo Vallecano, los de Simeone lograron una victoria vital (2-1) para mantenerse en la lucha por la liga. Por mucho que estén lejos de Real Madrid y Girona, han conseguido una bala para seguir en la terna de candidatos. Y, ahora, con el derbi a la vuelta de la esquina, está claro contra quién la van a querer usar.

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La tormenta perfecta del Atlético de Madrid en Vallecas no se iba a repetir unos meses después. El precedente de aquel 0-7 era más disuasorio que otra cosa, porque todo había cambiado. Ni los de Simeone estaban siendo tan efervescentes en ataque como por aquel entonces, ni el Rayo Vallecano defiende tan mal. Es más, los visitantes se presentaban en el Metropolitano como aquel conjunto colchonero de antaño: compiten de atrás hacia delante. Por ello, el ritmo del partido estaba cantado. Tan lento era que hasta los flashes del debut de Arthur Vermeeren (el más joven en debutar como titular con los colchoneros desde 2013) fueron perdiendo fuerza a medida que avanzaba el encuentro.

El Atlético, al ver que sus rivales eran lo que ellos fueron un día, se acordaron de una de sus grandes armas. Ya no estaba Godín para rematar, pero el balón parado se erigía como la fórmula para desatascar el choque. En una falta lejana, Riquelme colgó el balón con música y Reinildo la cazó. El ídolo del Metropolitano por fin había llegado para quedarse. Con el 1-0 en el marcador, respiraron tranquilos. Era el momento idóneo, o eso parecía. El Rayo, al ver que la relajación de sus rivales se extendía en el tiempo, aprovechó para devolver el golpe. Tras una jugada velocísima, Álvaro García fusiló a Oblak desde la frontal para empatar la contienda. El 1-1 volvía a instaurar esa extraña incomodidad que se había apoderado del encuentro.

Atlético Madrid Rayo Vallecano

Álvaro García igualó el partido e instauró las dudas en el Atlético de Madrid.

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«A problemas, soluciones», tuvo que pensar Simeone en el descanso. Y si se habla de soluciones en el Atlético de Madrid, tocaba introducir a Antoine Griezmann. Junto a Lino y a De Paul, el francés entró con casi toda la segunda mitad por delante. El ritmo de la circulación cambió de inmediato, lo que invitaba a pensar en que el próximo gol sería rojiblanco. Pese a ello, el Rayo seguía resistiendo. Y no se quedaban ahí, pues con Pep Chavarría (asistente en el gol del empate) se permitían soñar con algo más. Sus esfuerzos por la banda izquierda eran monumentales, lo que le permitía dotar a su equipo de una energía tremenda. Las prisas y las dudas, por tanto, se instauraron en el Atlético. Se había enquistado a sobremanera un partido en el que no estaba presupuestado dejarse puntos.

El gol anulado al borde del minuto 80 fue un espejismo para los colchoneros. No se iba a ir tan fácil quitar del medio ese sufrimiento. Pese a ello, no dejaba de ser un chispazo cuando más lo necesitaban. Era un chute de esperanza para conseguir la victoria. Aunque no consiguieron maniatar al completo a un combativo Rayo Vallecano, ese tanto del triunfo se estaba rondando. En medio del asedio, llegó la genialidad. Griezmann peleó y ganó un esférico por arriba, lo que instauró a su equipo en el pico del área. Nada más recibir el balón de nuevo, la puso de primeras al corazón del área. El toque era sutil, pero iba con música. Memphis, al que ya le habían anulado un gol y está viviendo una resurrección en este 2024, apareció. El neerlandés superó a un Dimitrievski que no estuvo acertado para que el Metropolitano estallase de júbilo. Con el 2-1, ahora sí que podía respirar aliviada la parroquia rojiblanca. Por mucho que sea difícil pelear por el título liguero, siguen vivos, y eso es más que suficiente.

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