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Opinión

El ‘Dieguenazo’: Jordan Henderson, entre el dicho y el hecho

Los parones de selecciones son una necesaria pausa del ruido que genera el fútbol de clubes. Aun así, no es que estos valles en el calendario sean un remanso de paz. Y si no, que le pregunten a Jordan Henderson. El público de Wembley, durante el Inglaterra-Australia del pasado viernes, le abucheó cada vez que tocaba el balón. La razón estaba clara: su marcha al fútbol de Arabia Saudí pese a haber defendido los derechos del colectivo LGTBI mientras estaba en el Liverpool. No le perdonan algo tan humano como la contradicción. Este ‘Dieguenazo’ va a estar como Henderson, oscilando entre el dicho y el hecho.

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💭​ ¿Henderson es uno más?

Ya sabemos todos como funcionan los aficionados ingleses. Tienen un humor muy peculiar y son tremendamente rencorosos. No perdonan una. Y quizás por eso les molesta tanto la decisión de Henderson. Él fue uno de los futbolistas más respetados de Inglaterra, y eso que su labor en el campo no era la más vistosa. A sus ojos, era una especie de brújula moral, pues era lo que debía ser un auténtico líder. No quedan jugadores que se comprometieran tanto como Henderson. Entre todas las causas sociales que apoyaba, destacaba su papel para visibilizar la lucha por los derechos del colectivo LGTBI. Por ello, no pilla por sorpresa ese recibimiento hostil tras su marcha a Arabia. Ser hipócrita no entra en su modelo de líder.

No hace falta entrar en lo que pasa en Arabia Saudí, su sportwashing y lo que pasa con muchos de esos derechos por los que luchaba Henderson. De primeras, provocaba que se torciese el gesto con la noticia de su partida. Y luego, claro está, el dinero. Le iban a pagar una morterada tremenda al inmaculado capitán del Liverpool. El hombre de la moral de hierro estaba reversionando a Groucho Marx: «Estos son mis principios. Si no le gustan (y me paga lo suficiente), tengo otros«. Personalmente, no juzgaré que un futbolista se mueva por dinero. Yo haría lo mismo porque trabajamos para poder vivir, y esos cambios vienen motivados por una mejora. Es normal. Lo que me fascina es como se ha pasado de un extremo al otro. Ya no solo hace cambios de juego en el campo.

Me duele personalmente toda esta situación, porque mi relación con Henderson era especial. Pasé de detestarle a adorarle, y ahora estoy decepcionado con como ha llevado todo este capítulo de su carrera. No ha sabido dar un paso al lado (cosa que siempre es complicada, ojo), y lo hizo dando la nota. No puedes haber sido abanderado de algo en lo que dices creer para luego afirmar que «solamente» eres un futbolista. En el 2023, aunque nos duela, no lo podemos comprar. Si no respaldas algo tan importante como la lucha por los derechos de ciertos colectivos, mejor no salgas en la foto para adquirir un estatus que no te corresponde. No exijo que se alineen en todas las luchas, solamente que sean fieles a lo que manifiestan. Es el primer paso para que este no sea un mundo de plástico.

Todo esto duele porque Henderson ha demostrado ser humano. Dónde un día decimos Diego, al siguiente hacemos un ‘Dieguenazo’ en contra. Así, grosso modo, cambió mi percepción sobre el capitán del Liverpool. Nosotros estamos llenos de contradicciones, y esperamos que los que son referentes no sean así. Queremos brújulas morales, pero no estamos dispuestos a que fallen. Creemos que la mejora se basa en tener un referente ficticio, provocando que el choque con la realidad sea más duro. Al menos, ese impacto nos hace mejorar, así como ver que quizá no somos tan horribles. Todos, en el fondo, actuamos por lo mismo. No estamos tan mal, solo que seguimos estándares irreales. Y quién sabe, quizás Henderson ha ido a Arabia Saudí para cambiar el sistema desde dentro. Posiblemente, no lo sabremos nunca mientras buscamos un nuevo referente moral. Así es la vida.

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