Sergio Ramos Sevilla
Opinión

El ‘Dieguenazo’: la vuelta de Sergio Ramos a Sevilla

Puede ser que, en medio de un parón de selecciones en el que Lamine Yamal ha hecho historia, Sergio Ramos no sea el protagonista idóneo para una columna de opinión semanal. Pero, siendo realistas, el joven jugador del FC Barcelona promete ser una fuente constante de inspiración en los años venideros. Al legendario central, por su parte, le queda menos. Estando tan reciente su emotiva vuelta al Sevilla tenía que ser el protagonista de esta semana. Más aún, claro está, si va a contracorriente del mundo en un verano marcado por la irrupción saudí en el mercado de fichajes. Como antaño, el corazón dictó la carrera de un futbolista y no su dinero. El perdón, en una época en la que no se estila, volvió a brillar.

🫶​ La vuelta de Ramos se la merecían todos

No entraré en quién debía tener razón en esta refriega entre club y jugador, pues ninguna de las partes actuó a la perfección. Puedo entender a la afición sevillista y su dolor por ver como un canterano con madera de capitán se marchó tras prometer que no lo haría, así como entiendo al futbolista que no deje pasar la oportunidad de su vida en el Real Madrid. Luego, a partir de ahí, llegaron los episodios reprobables para unos y otros. Y ahí, que me disculpen los afectados, pero no entendí todo el revuelo que se formó con la celebración de Sergio Ramos ante la grada de animación. Estuvieron todo el partido insultándole (una vez más, guiados por ese dolor propio de la traición), y el futbolista respondió. ¿Podría no haberlo hecho? Posiblemente. ¿Es a lo que te atienes cuando no dejas de meter el dedo en la llaga? Pues también. Ni unos ni otros tenían la razón absoluta en una guerra cainita que cada día perdía más sentido.

A la directiva del Sevilla, por tanto, hay que apuntarles el tanto de haber conseguido su vuelta. Era evidente que Ramos quería seguir en el fútbol europeo, pues su fuego competitivo seguía intacto. Sin ser aquel central tan dominante por su fútbol, lo sigue siendo por su carácter. La plantilla necesitaba de alguien como Sergio Ramos, y no tenía sentido seguir alimentando una guerra que también les había salpicado a ellos. Si el camero entraba dentro de las necesidades económicas del club, ¿qué les impedía buscar su contratación? ¿Está acaso el orgullo por encima del club que todos aman? La cordura se apoderó de todas las partes y se llegó rápidamente al acuerdo deseado. Y, el central, en cuanto pisó su casa, no dudó en dejar una frase que resume todo. “Era una deuda con mi abuelo, mi padre, el sevillismo y Puerta”, explicó.

Ha sido tremendamente reconfortante ver como dos partes que se han querido mucho son capaces de perdonar los errores del otro. Ramos y el Sevilla, a lo largo de esta semana, han demostrado ser capaces de hacer el mayor acto de humanidad posible. La fiesta que hubo en el Sánchez Pizjuán con su regreso, ante 22.000 sevillistas que entendieron mejor que nadie aquello de la indulgencia con su igual, te reconecta con el mundo del fútbol. Fue tremendamente emotiva. Salvo los cafres de siempre (que, curiosamente, hablaron de valores y respeto en su comunicado contra el fichaje), todos fueron felices con la vuelta del hijo pródigo. Es, en el verano de Kylian Mbappé, la muestra de ese reducto rebelde de la pasión en el fútbol. No hubo dinero que pudiese comprar el corazón sevillista de Ramos, ese que sabía que debía volver. Y, por parte del club, mostraron una magnanimidad acorde a los valores que promueve el deporte. Luego podrá salir bien o mal, pero ya es una de las imágenes de la temporada. El sentimiento ganó (y esta vez, de verdad) al dinero.

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