F1 Grand Prix of Great Britain Carlos Sainz
Opinión

El injustificado menosprecio a Carlos Sainz

Uno debe saber cuándo rectificar y admitir su error. En mi caso, espero que este texto sirva para disculparme por haber dudado de Carlos Sainz. Sí, ese piloto que recaló en Ferrari, que tardó en ganar, pero que suma más puntos que Charles Leclerc, el talento llamado a dominar la Fórmula 1 en la próxima década junto a Max Verstappen o Lando Norris, entre otros.

Una cuesta arriba hacia la F1

Carlos Sainz tuvo la fortuna que a muchos le faltan para introducirse en el mundo del karting y aspirar a la Fórmula 1. Su padre, dos veces campeón del mundo de Rally (1990 y 1992) y ganador en tres ocasiones del Rally Dakar (2010, 2018 y 2020), contaba con las influencias y el dinero suficiente para que su hijo pudiera intentarlo. Digo intentarlo, porque Carlos Sainz casi se queda a las puertas del ‘gran circo’, aún aunando a estos dos factores un enorme talento innato.

El español, que en unos test de jóvenes pilotos en 2013 cuajó tiempos a la altura de los mejores, tuvo que ganar las World Series en 2014 para conseguir un asiento en Toro Rosso, equipo filial de Red Bull. Mientras, un joven llamado Verstappen ascendía casi sin esfuerzo, avalado por su rapidez, por un carácter ganador y por una precoz edad que lo convertían, más allá de en un potencial campeón de la F1, en un producto de marketing perfecto para la escudería de las bebidas energéticas.

No lo hizo tan mal junto al holandés, sobre todo si miramos en qué lugar está ahora Checo Pérez. Pese a todo, Carlos Sainz se topó con la puerta de Red Bull cerrada y emigró a Renault. Fue en su etapa en McLaren cuando, con un monoplaza algo más regular, pudo dar síntomas del buen piloto que es. Rápido, constante. En su primer año acabó sexto el Mundial, muy por delante de su compañero. Para entonces, Ferrari lo tenía en su agenda, aunque no lo firmó hasta 2021.

La llegada de Vasseur a Ferrari complica el futuro de Carlos Sainz

Carlos Sainz llegó con el cartel de segundo piloto. Leclerc había dado síntomas de ser muy rápido. Eso, aunado a su juventud y su mayor experiencia en el equipo —firmó por la ‘Scudería’ un año antes que el madrileño— le colocaron como el primer espada. Más aún ahora con la llegada de Vasseur, un viejo conocido suyo. Sin embargo, en estos dos años y medio que han compartido, la sensación es que el pulso está más igualado de lo que todos cabrían esperar.

Leclerc es más rápido. Es difícil discutirlo. Las clasificaciones hablan por sí solas. Probablemente también tenga más talento. Es capaz de aparecer cuando nadie le esperaba en escena, como en Austria, donde rozó la pole. Pero por h o por b es incapaz de someter al español. No hablamos solo de mala fortuna: su ritmo en carrera, en muchas ocasiones, deja que desear. Con un monoplaza incómodo, su luz se apaga y todo se iguala.

Carlos Sainz se ha ganado un respeto

Carlos Sainz le ganó la batalla el primer año. Leclerc le devolvió la jugada el pasado, y esta temporada el madrileño le aventaja en nueve puntos. En silencio, fiel al equipo, el español da pasos de gigante para consolidarse como uno de los mejores en un ‘gran circo’ donde solo veinte elegidos tienen hueco sobre el asfalto.

A la sombra de Fernando Alonso, bicampeón del mundo con más de 100 podios, Carlos Sainz ha sufrido todo tipo de menosprecios. También por parte de un servidor, que siempre quiere más. Pero no por tener un Nadal hay que menospreciar a un David Ferrer, porque no siempre aparecerá de golpe un Alcaraz.

En la Fórmula 1 sucede algo similar. Las comparaciones son odiosas, no deberían de producirse. Es momento de disfrutar del automovilismo español, con Palou en lo más alto de la Indycar, con Pepe Martí sembrando ilusión, con Luna Fluxá como gran esperanza femenina para romper hitos y con Carlos Sainz aspirando a todo.

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