Mateu Lahoz árbitros
Opinión

Sin árbitros no hay fútbol

El affaire Negreira ha provocado tal crispación en el fútbol español, que los dirigentes políticos y deportivos se encuentran muy preocupados por la violencia que puede provocar esta situación.

Las protestas en los distintos campos de Primera División pueden ser controladas por las fuerzas del orden público, pero donde es incontrolable esa ira creciente contra el colectivo arbitral es en el fútbol base, donde los árbitros jóvenes están absolutamente desprotegidos ante las posibles agresiones.

Se pueden producir altercados en cada campo de España por el caldo de cultivo creado por el caso de corrupción en el que se investiga al FC Barcelona y al que fuera número dos del Comité Técnico de Árbitros en parte de la etapa de Villar como presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y de Sánchez Arminio como presidente de ese Comité Técnico.

De los medios de comunicación, se espera que actúen con la responsabilidad social que exigen la ética y la deontología periodísticas. Y esa responsabilidad de periodistas y opinadores se echa en falta en este affaire, porque en los enfoques de las informaciones y en las distintas tertulias se da por hecho que los árbitros se han vendido y han favorecido con sus decisiones al FC Barcelona para que ganara títulos.

Esa condena de telediario a los árbitros y al Barça se produjo incluso antes de la denuncia que presentó la Fiscalía. Una vez presentada, se dio por hecho que todo lo que se denunciaba en ella se había producido, a pesar de que, por más evidencias que existan, ahora hay que demostrar con pruebas la trazabilidad del delito; pruebas que precisamente se echan en falta en esa denuncia de la Fiscalía, por cierto. Y en esa denuncia no hay ni un nexo de unión, ni un solo indicio de que un solo árbitro haya participado en la golfada del affaire Negreira.

“El Barça pagó 7,3 millones por comprar a árbitros” ha sido uno de los aberrantes titulares que se han publicado. Este titular da por hecho un delito cometido por los árbitros. Y es una barbaridad, porque, por más duro que sea el escrito de Fiscalía en la denuncia, esas acusaciones se deben acreditar ahora en un juicio. Y ninguna evidencia prueba que ningún árbitro haya sido comprado. Porque los árbitros son honrados y no se equivocan a sabiendas ni de forma premeditada. Fallan porque el error es humano. Y el fútbol es un juego de errores. Igual que fallan el portero y el delantero, también falla el árbitro. Pero, al igual que el futbolista, el árbitro no se equivoca a propósito.

Que la anterior cúpula arbitral llevara a cabo una gestión mejorable es algo de lo que dio fe Luis Rubiales al asumir la presidencia de la RFEF: en su primera decisión, destituyó a todos los dirigentes del Comité Técnico de Árbitros.

Como anunció desde el minuto uno, la RFEF es la primera institución que se ha personado en el procedimiento abierto en un juzgado de Barcelona tras la denuncia de la Fiscalía. En el comunicado en el que anuncia su personación, la RFEF pide “la serenidad necesaria y aconsejable que contribuya a rebajar el clima de crispación que se ha creado hacia el colectivo arbitral. Esto no es nada beneficioso para el fútbol. La aplicación de la justicia requiere de unos tiempos y de probar aquellos hechos que puedan considerarse ilícitos”.

En estos tiempos de inmediatez, en los que todo se quiere para ya, porque todo se consigue con un click desde un smartphone, se pretende que se todo se realice de un minuto a otro. Y todo en la vida lleva sus plazos.

Esa mesura que pide la RFEF, que es la institución que gobierna el fútbol español, es absolutamente necesaria para preservar y garantizar la integridad física de los miles de árbitros que dirigen los miles de partidos que se celebran en España cada fin de semana. Y la mesura debe ser exigida por igual a los dirigentes que a los periodistas que informan y crean opinión.

El actual clima de crispación, azuzado por la pasión de cada aficionado por su equipo, de ese hincha que se siente perjudicado por el árbitro, sólo puede provocar el fin del fútbol. Porque si a los chavales que empiezan a arbitrar se les atemoriza y se les arranca la ilusión de cuajo, se acabará el deporte más maravilloso inventado por el ser humano. Sería el fin del deporte rey, el más seguido en el planeta tierra. Porque sin árbitros no hay fútbol.

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