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Tenis

Tsitsipas se diluye entre los mejores: ¿adiós a un campeón?

Stéfanos Tsitsipas emergió como un soplo de aire fresco en 2018 —acabó top 15 ese curso— con solo 20 años, todavía en un circuito sometido al yugo del big three. El golpe en la mesa, no obstante, lo dio doce meses después, con la conquista la Copa de Maestros. Por aquel entonces se erigió en la esperanza, en el joven llamado por fin a desterrar la tiranía de los de siempre. Cuatro años después, en el momento idóneo para dar un paso al frente, el tenis de Tsitsipas se ha disipado hasta… ¿decir adiós?

Tsitsipas desaprovecha el momento

El escenario actual es el más propicio para sumarse a la fiesta. Con Federer retirado, Nadal lesionado y Djokovic intermitente era el momento de dar un paso al frente. Ni siquiera Zverev o Thiem, castigados también por el físico, están capacitados para pelear por algo importante. La nueva hornada —Alcaraz, Rune, Sinner— y Medvedev han aprovechado las circunstancias, pero Tsitsipas se ha diluido. Y de qué manera.

El griego aprovechó el beneplácito del cuadro para alcanzar la final en el Abierto de Australia a principios de año. Un comienzo esperanzador, que ha sido incapaz de sostener: tan solo ha alcanzado otra final —también con derrota— en el Conde de Godó. El ganador de Montecarlo en 2021 y 2022 ni siquiera ha encontrado respiro en la arcilla. Su balance —27-8— y su ranking —todavía ubicado en el puesto cinco de la ATP— esconden la verdadera realidad: Tsitsipas está lejos de pelear con los mejores del circuito. Así lo dictan los números.

Más allá de derrotas que no tocaban — Thompson, Khachanov o Struff—, el problema de Tsitsipas es que ha estado muy lejos de competir a los integrantes del top ten: ni un solo set frente a Djokovic, Alcaraz y Fritz o Medvedev. El año pasado por estas fechas sumaba triunfos ante jugadores de este ranking y, cuando caía, no lo hacía de forma tan holgada. Trabaja, tiene buen servicio y su tenis no presenta demasiados resquicios, pero no encuentra la fórmula para sembrar el temor. Las discusiones con su box tampoco ayudan demasiado. Está lejos de opositar a la cima, algo a lo que parecía destinado.

Tsitsipas… ¿otro talento en el olvido?

La sensación, alcanzado este punto, es que Tsitsipas no está, ni se le espera para las grandes citas. Roland Garros es un territorio propicio para él —ahí ha disputado hasta la fecha su única final de Grand Slam—, pero este año tan solo presenta 13 triunfos y 4 derrotas sobre la arcilla, números buenos o notables, pero lejos del sobresaliente que se le exige. La nómina de candidatos al título en el segundo major del curso es más extensa que nunca tras la baja confirmada de Nadal, pero en ella el griego figura de pasada.

Otros tenistas como Alcaraz o Rune le han comido la tostada. Djokovic, pese a su pésima gira, también parte con más garantías. Incluso Medvedev, reciente campeón en Roma, que en más de una ocasión ha manifestado que detesta esta superficie. Hasta Sinner o algún otro presentan una mayor amenaza. Tsitsipas empieza a parecerse a uno de tantos que se han perdido entre generaciones.

Su caso es particular. Sabe lo que es ganar, como Thiem o Zverev. No se le puede comparar a los Dimitrov, Raonic o Nishikori, pero está más cerca de ellos que de lo que promete la nueva hornada. El tren de Tsitsipas pasará de nuevo en París, donde le aguarda un cuadro temeroso, con Sinner ya en cuartos de final. Quién sabe si será su última opción real de unirse a un selecto club. El griego, quizás agradecido de ese rol secundario que le aleja de los focos, buscará ser la sorpresa tras perder su papel de favorito.

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