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Champions League

El Real Madrid conquista Nápoles en otra gran noche de Bellingham

El Real Madrid vence al Nápoles (2-3) en el Estadio Diego Armando Maradona, dando un paso de gigante hacia la clasificación a los octavos de final de la Champions League. Los de Ancelotti, pese a empezar perdiendo, consiguieron darle la vuelta al marcador con los goles de Vinícius, Bellingham y Alex Meret en propia meta, posterior a un gran disparo de Valverde.

🌟​ Vinícius y Bellingham auparon al Real Madrid

El Diego Armando Maradona en Champions League debería ser patrimonio de la humanidad. En cada previa a un partido como el que estaban a punto de presenciar, se forma un espectáculo que sería impensable si no existiese Nápoles. Por ello, la visita del Real Madrid a los alrededores del Vesubio prometía ser épica desde el principio. Entre toda la oferta de la Champions League en un martes por la noche, este era el place to be. Mitad por el electrizante ambiente, mitad por las necesidades clasificatorias, los visitantes salieron con el rodillo. Sin puntería, pero mandones. Como siempre, aunque en un entorno único. El Real Madrid era un poco más napolitano que de costumbre.

Por mantener esta ilógica dualidad blanca dentro de su extraña coherencia, los de Ancelotti comenzaron perdiendo. Una vez más, los balones por alto se complicaban en exceso para la zaga. Kepa fue el señalado en esta ocasión al dejar el gol en bandeja a Østigård. Tocaba remontar otra vez, por no fallar a las costumbres. Por tanto, el plan se lo tenía estudiado el dúo que promete darle más alegrías al Real Madrid en esta temporada. El gol del empate lo cocinaron ellos dos: Bellingham, con su robo; y Vinícius, con la definición (digna del mejor Henry). Poco después, visto que el inglés se quedó con ganas de más, marcó un gol maradoniano. Un inglés había homenajeado a ‘El Diego’ en su casa. Que baje Dios y lo vea. El Real Madrid ya le había dado la vuelta al encuentro.

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🚀​ Valverde lanzó un cohete en Nápoles

Los de Ancelotti se fueron al vestuario con la sensación de haber hecho ya todo el trabajo. Craso error en Nápoles, el hogar de lo inesperado. Hasta la mentalidad de los partenopeos es puede sorprender a un equipo que ha normalizado lo increíble. Siguiendo en esa línea de surrealismo que tenía el partido, el Napoli se encontró con un penalti fruto de un rebote de Nacho. No se puede explicar lo que no se puede entender, ya sean las manos en el fútbol de élite o como funciona todo cerca del Vesubio. Zielinski no falló desde los 11 metros y dio al partido una nueva vida con el 2-2 en el marcador.

El empate no solo se reflejaba en los goles, sino en todo lo demás. Era un toma y daca constante de unos y otros; la locura de la noche napolitana. Lo que no podíamos esperar es que todo acabaría con el lanzamiento de un cohete. Aunque, visto lo visto en este Nápoles – Real Madrid, entraba dentro de lo factible. Fede Valverde se aprovechó de un rechace en un córner para transformar el Diego Armando Maradona en el Cabo Cañaveral. En un visto y no visto, el balón viajó de la bota del uruguayo al travesaño, rebotó en Meret y se introdujo con violencia en la portería. El 2-3 debía ser definitivo en un choque entre los de la ciudad hecha surrealismo y el equipo que más ha normalizado lo imprevisible en Champions.

Valverde Real Madrid

Aunque la autoría vaya a recaer en Meret, el latigazo de Fede Valverde le dio la victoria al Real Madrid.

Ancelotti, con la entrada de Ceballos por Vinícius, dejó claras sus intenciones. Quería el balón para dormir el partido en medio de una noche movida, alejándolo del barullo de los Quarteri Spagnoli y trayéndolo de vuelta a España. Los tres puntos dependían de ello, por lo que el reloj del árbitro debía ser el mejor aliado. Poco a poco, acompañados de una buena defensa del área (algo casi inédito en esta campaña) y liderados por el corazón que le ponía Rüdiger a cada balón, la victoria se cristalizó. El Real Madrid había demostrado en Nápoles que nadie entiende mejor esa loca dualidad del fútbol. Y es que, si la Champions League va de eso, es normal que siempre sean favoritos.

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