rally de portugal
✍️​ Opinión

Así vivimos el Rally de Portugal en caravana: una aventura que lo tiene todo

Tras el GP de Montmeló de F1 y las 24 horas de Nürburgring y Le Mans, este año tocó el Rally de Portugal. Una experiencia más en esta instaurada tradición automovilística que solo tuvo un punto negativo: las ausencias. En esta ocasión solo pudimos acudir la mitad de la expedición. Una pena. A ellos les dedico este texto con el que no pretendo generar envidias, sino alimentar el deseo de cerrar un destino para el año que viene y empezar de nuevo la cuenta atrás para un nuevo viaje.

Este ha sido muy distinto a los demás porque no hubo ni AVE, ni avión, ni furgoneta de alquiler: nos decantamos por una caravana. Para asistir a los diferentes tramos del Rally de Portugal consideramos que era la mejor opción. Y acabado el viaje no nos arrepentimos. 6 asientos, baño, mesa, cocina, camas… lo indispensable para sobrevivir. Así pues, una vez recogida la caravana el jueves, pusimos rumbo a la zona de Mortágua Arena, para hacer noche allí de cara a la jornada del viernes. Eso sí, previa parada para comer y comprobar que los precios en Portugal son más asequibles que en Madrid (dejando a un lado la gasolina).

Mortágua Arena, nuestra zona favorita del Rally de Portugal

Pese al temor que teníamos, pudimos aparcar a escasos 10 minutos de nuestro destino. Eso sí, algo inclinados. Pero dado que éramos novatos en la experiencia, mejor no arriesgar. El ambiente nos sorprendió: hogueras a cada pocos metros, música… y mucho morro, también. Al despertarnos, después de una cena agradable fuera de la caravana, comprobamos que muchos coches habían creado un carril de aparcamiento nuevo, taponando a los que habíamos pernoctado la noche anterior, algo que se repetiría los días posteriores.

Poco nos importó. Por aconsejar al que lea este artículo, Mortágua Arena fue la zona que más nos gustó a los cuatro. Seguramente Arganil o las otras alternativas de ese día también fuesen atractivas, pero salimos más que satisfechos. Ya habíamos oteado el terreno el día de antes, así que fuimos directos a una zona desde la que podíamos ver perfectamente el salto, que precedía a una curva que, no obstante, no atemorizaba a los pilotos. Así pasó, que alguno hasta volcó y tuvo que ser rescatado por los aficionados. Esa cercanía del público con el piloto, que había visto en vídeos, me impactó mucho más en directo.

Por la tarde, en la segunda ocasión que pasaban por el mismo sitio, y tras comer y dormir un poco, apostamos por otra zona. Una para vivir el Rally de Portugal en toda su esencia. A apenas un metro del trazado, comimos polvo, pero nuevamente valió la pena. La sensación de ver pasar al coche tan cerca fue impresionante. Finalizado todo, pusimos rumbo a Amarante para dormir allí y estar listos para el arranque del sábado.

Llegamos entrada la noche y aparcamos al lado de unos asturianos con los que hicimos buenas migas y que estaban más preparados que nosotros. Por mucho que nos empeñemos y mejoremos en la planificación, siempre habrá niveles. Lo mejor es que aparcamos aún más cerca, a solo 5 minutos de la horquilla que queríamos ver, para quedar anonadados de cómo en apenas unos metros y tras casi detener el coche por completo, volvían a ganar velocidad antes de la siguiente curva. Por la tarde, superado un contratiempo (acordaos cuando aparquéis de que existen caravanas), fuimos al sitio más típico y nos dio tiempo a vislumbrar un nuevo golpe antes de ir al mítico salto de Fafe.

De nuevo se nos hizo de noche, pero pudimos encontrar sitio en una explanada, a unos 15 minutos andando. La diferencia de gente se notó. Era el último día y el último punto del Rally. También había muchos más puestos de comida y bebida para abastecer a la multitud, aunque nuevamente escaseaba el merchandising: apenas un puesto, y no oficial. Tuvimos que buscarnos una ubicación algo más lejana y sobrevivir al continuo cambio de tiempo (lluvia y sol intermitentes). Lo positivo es que en cuanto pasaron los WRC, como vino siendo habitual (sorprendentemente), muchas personas abandonaron su lugar y nos permitieron acercarnos más tramo (y pisarlo incluso en algún caso). Después, pasada la adrenalina, nos quedó una tarde tranquila y un lunes de regreso para culminar una experiencia muy distinta a las anteriores.

Transcurridos unos días, todos coincidimos en que la caravana es la mejor opción para este tipo de aventura. Y, pese a lo que esperábamos, es muy factible aparcar. Si estáis pensando en hacer un viaje así, llevarlo a cabo. Eso sí, tened en cuenta que llegar el primero no significa siempre aparcar más cerca. La mayoría llega a última y deja el coche donde quiere o puede sin pensar demasiado en lo que suceda después.

Queja al margen, es una experiencia completa. Tiempo de ocio con los amigos, coches a escasos metros con esa cercanía que siempre ofrece un Rally respecto a otras competiciones, y un ambiente único. Como siempre, lo mejor, la compañía. Faltaron muchos, y había escrito que era el único punto negativo, pero según culmino estas líneas lo pienso distinto porque ahora tenemos una excusa para repetir algo similar. Van 4 viajes y cuatro artículos, y los que quedan. Personalmente, jamás hubiese imaginado a ir a este tipo de eventos. Ahora solo pienso: ¿Qué será lo siguiente? Obrigado, bros.

Ir al contenido