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Opinión

El ‘Dieguenazo’: Xavi y esa maldita ambición desmedida

La situación del Barça es tremendamente obtusa. Tanto es así que la solución parece simple, pero su ejecución no; y estas son las peores de afrontar. El primer paso que han tomado para atajar el problema es pactar la salida de Xavi Hernández a final de la presente temporada. Con ello se pega carpetazo a ese último resquicio de su pasado glorioso que les quedaba. Ya solo quedan recuerdos, y estos cada vez se difuminan más por el amargo presente. Esa virtud que tuvieron en sus años de gloria hoy es una maldición que arrastran. La ambición desmedida de ese pasado irrepetible es, parafraseando a C. Tangana, un veneno que llevan dentro y que promete acabar con todo.

Esta maldición que un día fue virtud merece un ‘Dieguenazo’.

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🔚​ Xavi, el último bastión de una era que no volverá

Creo que se lo leí a Albert Blaya, así que le ruego que me perdone por dudar si es suya la autoría de esta reflexión. A favor de mi duda juega que se ha escrito mucho de este tema desde la noche del sábado, por lo que no creo que se moleste. Venía a decir que detrás de Xavi no hay nada más que el precipicio para los culés. Él era el último reducto de esa pureza guardiolista que rozaba lo naif en el imaginario colectivo azulgrana, por lo que verle caer suponía el desmoronamiento de una idea más que la destitución de un entrenador. Dicho de otra manera, el adiós de Xavi supone el final de esa coletilla que acompañaba siempre al club. Si no ha funcionado él, no ha funcionado el ‘estilo Barça’. Para el aficionado, un puñetazo en la cara duele menos.

Todo esto llega por las ganas del culé de querer volver al momento en el que fueron felices. Esos años moldearon su extrema exigencia. Demostraron que podían ser los mejores y jugar como nunca nadie lo había hecho antes, por lo que ya no valía menos. El problema residía en que esa brillantez se ha transformado en una maldición. Su ambición desmedida por conseguir otro imposible lo ha enturbiado todo, como si les impidiese disfrutar más. Aunque parezca una ridiculez, en la magnífica saga de ‘Spider-man‘ de Sam Raimi se trata este tema. Y de nuevo disculpad mi memoria, pero juraría en que el propio Peter Parker lo menciona al final de la primera película. Por mucho que todos quieran ser el héroe que salva el día, nadie quiere los problemas que acarrea. Según se mire, su virtud puede ser una maldición. Ese gran poder que tuvieron con Guardiola requería la gran responsabilidad de gestionarlo a posteriori.

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Xavi, cuando llegó, consiguió despertar a un equipo en coma. Bajo su batuta, lograron hasta que volviese a caminar en tiempo récord. Lo que hubiese sido motivo de fiesta en cualquier otro sitio, en el Camp Nou era el recordatorio de que debían volver a ganar de inmediato. Ese exigente veneno movió su sistema nervioso y tiró la casa por la ventana. Ya no querían tener un futuro, sino volver al pasado. La ambición desmedida culé, esa que edificó Xavi desde la sala de máquinas, es la que se lo ha acabado llevando por delante en el banquillo. Ironías de la vida, diría aquel. Tampoco se puede decir que él intentase esquivarlo o lidiar con esa ambición, pues se dejó llevar. Una vez más, C. Tangana llevaba razón. «Lo hice por ti, pa’ que me mires», cantaba en ‘Un veneno‘, y es algo que podía resumir lo que pretendía Xavi con el club de su vida.

El partido ante el Villarreal fue el colofón de esta maldición que dejó de ser virtud hace tiempo. Remontaron un 0-2, fueron felices y su ambición se los llevó por delante. Dejaron de funcionar. El veneno que tenían inoculado había dado su golpe de gracia. Atacaron al corazón del Barça, a su órgano más importante. Con el amargo anuncio del final de la era de Xavi, se había acabado todo. La idea de su estilo, esa que él encarnó mejor que nadie, desaparecía con él. Por eso mismo, el futuro es más incierto que nunca. Además de los problemas que ya tenían, se le suma una crisis de identidad. Y todo ello por hacer de su virtud una maldición. La ambición desmedida de la que advirtió C. Tangana se ha llevado por delante todo en lo que creía el aficionado azulgrana.

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