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Baloncesto

¿Por qué el de Partizan es un partido definitivo para el futuro del Real Madrid?

El Real Madrid se ha metido en un lío. Un problema serio y puede que definitivo. La derrota ante Partizan —nuevamente en un final apretado— en el primer partido de la serie otorga el factor pista a los serbios y complica las opciones de Final Four al equipo de Chus Mateo. Para avanzar de ronda en la Euroliga, los merengues deberán ganar al menos uno de los dos partidos en el Stark Arena; una pista infernal que se abarrota cada día de game, donde el sold out manda y las gradas vibran con el nervio balcánico.

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❌ Sin soluciones en los momentos calientes

Más allá de la lesión de Walter Tavares, de no contar con Vincent Poirier, de las polémicas arbitrales o de los problemas de faltas puntuales, el Real Madrid mostró (volvió a mostrar) una incapacidad paralizante a la hora de la verdad. Una plantilla como la del conjunto blanco, con su experiencia y categoría, debe manejar esos instantes como pocos, por lo que todo hace indicar que el problema no está en la pista. No hay nadie al volante.

No es, ni mucho menos, la primera vez que el Real Madrid se estrella en un momento caliente este curso. Chus Mateo mostró, un día más, estar superado cuando sus pupilos reclaman su pizarra. Por desgracia para el Real Madrid, la de Partizan no fue la primera vez. Cada final apretado ante equipos de élite se ha alejado de los blancos. Ocurrió ante Baskonia, contra Anadolu Efes, Mónaco o el propio Barça. Y el más reciente, que desembocó en esta eliminatoria, ante Maccabi: los merengues tuvieron en su mano la victoria en la pista más caliente de Europa. La Mano de Elías estaba sometida, pero la nula administración de los instantes finales les condenó a la derrota, al tercer puesto y a medirse frente a Partizan. Ante los serbios, en el instante decisivo no solo del partido, sino tal vez de la eliminatoria, Chus falló hasta en dos ocasiones.

Primero, porque la opción de la falta a Lessort, primer receptor del balón y tirador irregular desde los libres, hubiese abierto la incógnita sobre su acierto en un lance tan asfixiante y, más importante si cabe, hubiese regalado una posesión final al Real Madrid. En su estadio. Ante su gente. ¿Plegarse a un encendido Punter y cruzar los dedos o dos tiros de Lessort y 14 segundos para atacar?

En segundo lugar, asumiendo que el plan siempre fue defender, es necesario profundizar en la mediocre defensa del triple de Kevin Punter. Porque sí, claro, Mateo no juega; no está sobre la pista, pero sí decide quién lo hace. ¿O tampoco? Nigel Williams-Goss era el encargado de defender a Punter. El base de Partizan llegaba prendido al final del choque: 23 puntos en ese momento y un 4 de 7 en triples que auguraban que él sería irremediablemente el encargado. Tras el bloqueo directo, el Real Madrid cambió y Guerschon Yabusele se quedó con Punter. Con 34 minutos a sus espaldas, fundido, tras una maratón en la que se batió en la pintura ante un Lessort considerablemente más grande que él, menos ágil y rápido que su par…

Bote, finta, pasito y cash. Boom. Premio. Silencio en Palacio, júbilo en el graderío serbio en Madrid. 26 puntos para ‘La Pantera’ de El Bronx; los blancos, sin margen de maniobra.

 

¿Por qué permitió Mateo cambiar en el bloqueo? ¿Por qué no estaban en pista Rudy ni Hanga? Son preguntas que quedarán sin respuesta. Solo Chus las conoce. Claramente, Williams-Goss era el mejor defensor disponible y a buen seguro hubiera dificultado mucho más el lanzamiento de Punter. La prioridad, ya que se optó por defender, debía ser que el mejor jugador de los rivales cayera en las redes del mejor defensor blanco. Por descontado, cuesta entender que, precisamente, Hanga y Rudy, los dos defensores de élite merengues, no tuvieran presencia en el momento de la quema… precisamente por si se producía un cambio, el mismatch no fuese tan desfavorable y alguno pudiese hacerse cargo. O hacer falta. Nada.

La sensación, más allá del fantástico lanzamiento, fue que un entrenador eligió qué quería plasmar y otro… sufrió las consecuencias. Zeljko Obradovic dio una lección a Chus Mateo. El mejor entrenador de Europa regaló su show al WiZink Center, que desde Pablo Laso no disfruta de nada parecido: sacó faltas, dominó a los árbitros, encendió a la grada y explotó todos los puntos débiles del Real Madrid.

 

Para concluir, por más que el partido estuviera virtualmente perdido, el tiro final. Mario Hezonja, que no jugó en la segunda mitad y saltó al campo a 1:34 del final, claramente ofuscado y apagado por su entrenador, fue el encargado de lanzar sin tiempo (0,4 segundos). Por si fuera poco, con una inexplicable jugada que alejó el balón de la canasta y obligó al croata a un lanzamiento exprés a casi diez metros, en lugar de buscar un palmeo a la desesperada. Incomprensible.

🥵 Nefasta gestión de los minutos

La gestión de la rotación, el banquillo y el vestuario son una lápida para el actual Real Madrid, alimentada por la nula confianza de Chus Mateo en ciertos jugadores y el abuso de minutos de los titulares. Tavares, pese a la lesión por la que se perdió casi todo el segundo tiempo ante Partizan, estuvo 21 minutos en pista. ‘Gaby’ Deck se marchó hasta los 32 y sostuvo solo al equipo; y Yabusele, hasta los 34, por más problemas que tuviera en el tiro, incluso en los libres, o que tuviese que hacer funciones de pívot.

Pero la crispación en la calle Goya tiene nombre y apellidos: Mario Hezonja. Obviando los precedentes y aquel inició de temporada inexplicablemente tortuoso para ‘Super Mario’, en el que su actitud (y su nivel) no tenían la recompensa que merecían en forma de minutos y protagonismo, su caso en concreto fue condenatorio para los blancos. Chus cruzó a Hezonja y sentenció al Madrid. El croata podría haber ayudado en el tres y en el cuatro durante la segunda mitad ante Partizan para descargar de minutos al argentino y el francés, pero no. Podría haber paliado con su físico los desajustes del equipo, sacado emparejamientos favorables y lucido su faceta de tirador. Pero tampoco.

Mario estuvo sentado durante la segunda mitad completa y solo volvió a pista a menos de minuto y medio para el final. Frío, disgustado, apático y visiblemente desconectado de su entrenador (típico en el croata), ya no pudo aportar. ¿A quién se le ocurre que podría hacerlo en una situación así? Mejor aún, si hablamos solo del clutch, ¿qué hay de Sergio Llull? La bocina es su despertador y, si está en el banquillo, es para momentos como ese. Absorber la presión como solo él sabe y decidir. Pero no. Se quedó en cero minutos, claro.

Real Madrid

Ante los problemas en el base y la distribución, tanto Hanga como Causeur debieron tener más presencia. El francés siempre se destacó por lucir en los partidos importantes de los campeonatos. El húngaro, además, hubiera aportado ese punto físico y defensivo que necesitó el Real Madrid. Y sin Poirier… ¿dónde está Cornelie? El francés está defenestrado y ni en estos momentos su presencia parece una opción.

Por lo tanto, hay muchas cuestiones que el Real Madrid, o más bien Chus Mateo, deben ajustar de cara al segundo partido. Porque se juegan la temporada. Es el duelo más crucial del curso para los merengues. Una segunda derrota en el WiZink Center obligaría a ganar los dos encuentros de Serbia, donde el precedente no puede ser peor, pues ya perdió en temporada regular.

De Serbia no hay retorno. Se torna impensable que este Real Madrid salga vivo ante las 20.000 gargantas, las bengalas y un Obradovic on fire. Los blancos deben ganar hoy en su feudo, sin discusión. Y después, concienciarse de lo que le espera en territorio hostil, porque o se trae una victoria a la capital o el futuro del proyecto y de muchos sus integrantes puede saltar por los aires.

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