Champions League

El Atlético resiste al avasallamiento del Feyenoord

El primer turno de partidos de este miércoles nos tenía reservado un aperitivo con el que muchos ya se fueron saciados de fútbol. Feyenoord y Atlético de Madrid regalaron un partido con muchas ocasiones, especialmente del lado del campeón de Países Bajos, que no ganó pese a adelantarse en el minuto 7. Lo hizo con un gol de Mario Hermoso en propia meta, en el que Ayase Ueda le ganó la espalda a la zaga con mucha determinación. Morata contestó rápido y anotó un tanto polémico por el fuera de juego posicional de Saúl Ñíguez, que no impidió que subiera el 1-1 al luminoso.

A la media hora, el Feyenoord se volvió a poner por delante a balón parado, esta vez con Griezmann como ejecutor del empate, de chilena, al filo del descanso. Tras la reanudación, de nuevo Morata, tras un envío delicioso de Nahuel Molina, puso el 3-2 final, antes de que Oblak tuviera que sostener a los suyos.

🥵 El Feyenoord mandó en el Wanda

Lejos de las sensaciones con las que acabó el Atlético de Madrid en su visita a la Lazio, de control, por mucho que Ivan Provedel marcase en el 97 en gol del empate, la segunda jornada de esta Champions fue tremendamente incómoda de principio a fin para los de Simeone. Por mérito de un Feyenoord enérgico y aguerrido en los duelos y balones divididos, que sabía a quién visitaba y que durante muchos tramos superó en intensidad a los rojiblancos. Difícil de contener por los chispazos de sus extremos, las apariciones ofensivas de los tres centrocampistas (Wieffer, Zerrouki y Timber) con tendencia a descolgarse para pisar área y, ante todo, por sus centros laterales y las intercepciones desde un bloque medio bien plantado para robar y correr.

Con un ajuste específico que habla a las claras de que tenían este encuentro marcado en rojo. Era un 1-4-5-1 de base, o 1-4-3-3, que cuando no les quedaba otra que replegarse cerca de su área, mutaba a un 1-5-4-1 en el que un centrocampista –especialmente Mats Wieffer– se convertía en un central más para defender mejor el ancho del campo. El Atlético de Madrid tuvo que bajar al barro y se agarró a su eficacia para sobrevivir a uno de los duelos más complicados que se ha encontrado este curso.

🤸 Una chilena vale más que seis cabezazos

El apartado en el que más fuerte se hizo el conjunto de Rotterdam fue en el juego aéreo ofensivo. Así llegó el 2-1, obra de Dávid Hancko, que pudo hacer más sangre por su poderío en los duelos por aire, así como por el de Gernot Trauner, el otro central. No fueron los únicos que amenazaron en esas situaciones de centro lateral, especialmente a balón parado, pese a que Santi Giménez, el goleador y punta titular del Feyenoord, fue baja por sanción. Además de que el Atlético de Madrid concediese demasiados córneres en contra, mucho tuvo que ver también el buen pie zurdo de Calvin Stengs, el trequartista más técnico de los neerlandeses a la par que intermitente, que se encargó de surtir de balones a sus compañeros en el ecuador del primer periodo.

Pero, cuando más sufría el Atlético de Madrid en este escenario, una segunda jugada de un córner provocó que Antoine Griezmann, mucho más desapercibido que de costumbre, fuese protagonista con una chilena que igualaba la contienda con algo de fortuna, al cazar un balón suelto dentro del área visitante. Los de la capital de España no encontraron el control de su centro del campo, ni tampoco la solidez de una zaga compuesta por los únicos centrales disponibles (Witsel, Hermoso y Azpilicueta), pero sí lució pegada en el frente del ataque.

🤼 Nahuel Molina vs. Igor Paixão: el duelo de la noche

El carrilero derecho del Atlético de Madrid volvió a cuajar un gran partido ofensivo, en consonancia con su momento dulce en este tramo de la temporada. Combinó, sorprendió por sus apariciones en profundidad y dibujó el centro perfecto para que el Atlético terminase de inyectarle al Feyenoord otra dosis de su medicina. Morata culminó la remontada con el que sería el 3-2 definitivo, aunque aún tocaría sufrir. Cuándo no lo hace el Atlético de Madrid… Y más en la Champions.

El que se echó los ataques neerlandeses a su espalda en la segunda mitad fue Igor Paixão. El extremo izquierdo brasileño, a pierna cambiada, le hizo daño a Nahuel con su aceleración y sus conducciones diagonales hacia dentro. Estuvo cerca de empatar el choque con dos golpeos muy estéticos al palo largo desde la frontal y sus centros continuaron por sembrar el miedo en el Metropolitano. Fue el eslabón más complicado de maniatar para los colchoneros en el tramo final; mientras que en el otro flanco, Javi Galán, con la barra de pundonor a rebosar, ingresó para dejar claro que quiere discutirle el casting para suceder a Carrasco a Samuel Lino, que bajó sus prestaciones respecto a sus últimos compromisos.

El el Feyenoord, Yankuba Minteh sustituyó en punta a Ayase Ueda, lo cual también agitó más el ataque de los de Arne Slot. Simeone tiró la toalla y asumió que tocaba alentar a la grada y aguantar el chaparrón. Pensó que Correa y Rodrigo Riquelme, a campo abierto, podían sentenciar el duelo con más frescura que un Feyenoord a tumba abierta. Tanto, que Wellenreuther, portero visitante, se pasó casi todo el descuento en el área rival, por si aparecían los fantasmas. El Atlético estuvo muchísimo más lejos de sentenciarlo que en Roma, pero esta vez, al menos, no añadió otro trauma más a su colección. Y, de paso, sumó los tres puntos en una noche de esas que curten más de lo que se disfrutan in situ.

Ir al contenido