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Mundial Catar 2022

Una España de récord roza la perfección ante Costa Rica

La España de Luis Enrique, en pos de batir varios récords, dejó el debut más convincente de todo el Mundial. Plácido, frente a un rival, Costa Rica, que le puso las cosas excesivamente fáciles, pero también meritorio, por lo interconectado que estuvieron piezas, roles y ejecución de principio a fin.

Espacios bien ocupados, sin renunciar a una libertad posicional para ser más imprevisible y hacer que los jugones se divirtiesen. Una goleada vital, por lo obvio, y más tras la sorprendente remontada de Japón contra Alemania, que hace factible un potencial triple empate a seis puntos donde la diferencia de goles podría ser decisiva. Para más inri, además del 7-0, fueron hasta seis goleadores diferentes en La Roja. Estreno soñado.

🇨🇷 Transparente Costa Rica

El cuadro tico fue muy poco consecuente con las fortalezas y debilidades de España. Le puso las cosas en bandeja a los de Luis Enrique, desde su 1-4-4-2 en bloque medio, pasivo, sin intención de presionar y saltando a destiempo cada vez que trataban de inquietar a un poseedor. Renunciaron, incluso, a su característico bloque bajo durante el clasificatorio.

¿El resultado? La selección de Costa Rica regaló la espalda constantemente. Mientras, España podía construir, triangular, progresar y acelerar el juego a placer. Sin oposición para localizar y alcanzar al hombre libre, el dominio español fue incontestable. Ofensivamente, Costa Rica fue la nada. Ni siquiera Joel Campbell, acostumbrado a acercar a los suyos a la portería rival de manera autosuficiente, hizo acto de presencia.


Keylor Navas, que llegaba sin jugar un solo minuto con el PSG este curso, solo paró uno de los ocho disparos a puerta que completó España.


🚽 Un baño táctico de arriba a abajo

Si por algo será recordada esta goleada en el plano táctico, será por cómo España ha conectado por dentro. Una fluidez asociativa propia de equipos integrados por futbolistas que traen de casa los mecanismos y sinergias propias de la convivencia en clubes.

Los centrales, bien posicionados para ganar disputas o segundas jugadas, e igualmente productivos con sus primeros pases verticales, sin cometer errores. Seguidos de la movilidad complementaria y constante de las piezas que compusieron el centro del campo, para tener superioridad numérica y posicional con suma frecuencia.

«No hemos bajado pese a ir 3-0 al descanso. Somos lo suficientemente profesionales para saber que hay que jugar hasta el final y no regalar ni un minuto (…) Muy contento, aunque hay jugadores que aún pueden jugar mejor.»

Luis Enrique Martínez.

Busquets, permanentemente entre la línea de delanteros costarricense y su medular; Asensio, con notables apoyos de espaldas entre las líneas del centro del campo tico y su defensa; y Pedri y Gavi, más libres, alternando alturas desde los interiores, con mucho espacio para recibir. Un rombo que se retroalimentó de cine e hizo que los centroamericanos persiguiesen sombras hasta desesperarse. Al jugar cerca, además, pese al riesgo que entraña filtrar pases en esas zonas, recuperaron la pelota con facilidad tras pérdida. Su 85% de posesión en el primer tiempo así lo refleja.

📐 Sublime triángulo Alba–Olmo–Pedri

Por si fuese poco, la superioridad aplastante por dentro, se tradujo también en una atracción en esa zona para que los jugadores que ocupaban los costados actuasen con mayor ventaja. En la izquierda, Jordi Alba, Dani Olmo y Pedri volvieron a evidenciar que se entienden de memoria. Complementariedad pura, alternando alturas y carriles, así como recepciones al pie o al espacio, que torturaron un sector defendido por dos laterales de formación.


Gavi, autor del 6-0, se convirtió en el jugador más joven en marcar con España en una fase final de un Mundial.


España bordó el fútbol y, como declaraba Luis Enrique, aprovechó la inercia para hacer que los segundos 45 minutos no fuesen anecdóticos. Baldé tuvo tiempo de debutar con la absoluta, de dar una asistencia y todos los delanteros que contaron con minutos, marcaron. Enorme noticia el doblete de un Ferrán Torres con la pólvora mojada en el Barcelona, así como el gol y la asistencia de Álvaro Morata en poco más de media hora. La única individualidad intrascendente de España fue Unai Simón, un mero espectador de lujo para vivir a pie de campo la mayor goleada española en la fase final de un Mundial. 

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