Luka Doncic
Opinión

La desolación de Doncic: ¿víctima o verdugo?

Cómo hacer mal todo lo que te propones. O lo que es lo mismo: Dallas Mavericks. La franquicia texana va de descalabro en descalabro. Algo que parecía impensable cuando, la noche del 22 de junio de 2018, la dirección de los ‘Mavs’ tomó una de las mejores decisiones de su historia: intercambiar en el draft a Trae Young por Luka Doncic.

Dallas siempre ha sido una de esas instituciones que se ha caracterizado, al menos durante los últimos años, por tomar decisiones cabales; las mismas que les acercaban a pelear por cosas importantes. Últimamente, parece complicado hacer las cosas peor que los dirigentes de los Mavericks… y mantenerse con opciones de playoff. O, sin ir más lejos, venir de disputar unas finales de conferencia. Seguramente, esto habla a las claras de la magnitud de la figura de Luka Doncic.

El esloveno se mata, semana sí y semana también, temporada a temporada —y ya van cinco—, por sacar adelante un proyecto que no tiene futuro. Al menos, uno cuyo futuro no tiene buena pinta. Dallas se aferra a Luka como el cordyceps parasita a su víctima hasta consumirlo por completo en The Last Of Us.

Doncic ha liderado quintetos que, de no contar con su presencia, se sumirían irremediablemente en un bucle de derrotas y pondrían sus esfuerzos en posicionarse para optar al primer pick del draft. En cambio, Luka los ha llevado incluso a rozar la gloria. ¿Te parecen Reggie Bullock, Spencer Dinwiddie, Dwight Powell y Dorian Finney-Smith unos acompañantes de nivel suficiente para luchar por el anillo de la NBA? A Luka tampoco.

Luka Doncic

Rick Carlisle, un tipo con una mente brillante para el baloncesto, salió del proyecto y renunció a seguir con Luka Doncic. Fijaos si daba la cuestión por imposible. Y los ‘Mavs’, entre sus muchos errores, optaron por confiar en Jason Kidd como sustituto. Kidd fue uno de los mejores bases de la historia, sí, pero entrenar no es lo suyo. Sus periplos en Brooklyn y Milwaukee fueron nefastos. De hecho, su llegada al banquillo de Dallas estuvo motivada por su relación con Mark Cuban y por su condición de leyenda de la franquicia, nada más. En ningún caso por sus dotes tácticas.

Sus sentencias a figuras como Brunson, la pasada campaña, o Christian Wood, la presente, distan mucho de potenciar a su equipo y a su súper estrella. Si a esto añadimos los continuos desperdicios de talento, dinero y rondas (de draft) que ha efectuado Mark Cuban en la deriva reciente… apaga y vámonos.

La última voltereta sucedió con el traspaso de Kyrie Irving. Todo el mundo tenía claro lo que iba a pasar; excepto los dirigentes de los Mavericks. Kyrie es un jugador de categoría élite que perdió todo afán competitivo tras un épico séptimo partido entre Cleveland Cavaliers y Golden State Warriors en 2016 en el que enterró su tesón competitivo. Desde entonces, Irving se dedica a la contemplación. Es un genio en el que no se puede (ni se debe) confiar.

El movimiento por Kyrie Irving puede terminar convirtiéndose en uno de los mayores fiascos de los últimos años en Dallas. Regalar rondas y dos buenos jugadores como Dorian Finney Smith y Spencer Dinwiddie, puede que los dos que mejor rodearon a Luka Doncic en la NBA, por una superestrella rota, polémica y que puede abandonarte a las primeras de cambio, puede ser un suicidio. Además, empeora la plantilla y compromete la estabilidad del vestuario.

Porque en la mejor liga del mundo no se gana solo con estrellas. Se gana con veteranos, defensores, tiradores y jugadores de rol que rodeen a los jugadores franquicia. Es por eso que, tras el trade deadline, los Lakers funcionan tan bien: no por LeBron o Davis, sino por players como Jarred Vanderbilt o Malik Beasly. Mercenarios a sueldo por el bien de su patrón.

Quizás, el traspaso de Irving sea lo mejor que le ha podido ocurrir a Luka Doncic. De otro modo, los Mavericks hubieran conseguido alcanzar los playoff y la historia sería la misma de siempre: sufrir para nada. Ahora, con Irving y sin futuro, los Dallas Mavericks parecen haberle abierto la puerta de par en par a Luka Doncic para, con todo el dolor de su corazón, abandonar esta tortura ahora que todavía está a tiempo de reinar en la NBA.

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