Diagne
Baloncesto

El sorprendente debut de Ismaila Diagne descubre las carencias del Barça

Ismaila Diagne se convirtió el pasado domingo en el jugador más joven de la historia en participar en un Clásico en la ACB. Con 16 años, 9 meses y 9 días superó el registro de Luka Doncic, que lo consiguió con 19 días más que el pívot africano. El joven senegalés partió en el quinteto inicial en sustitución de Walter Tavares, lesionado. Lo sorprendente no se quedó en su debut, tampoco en su titularidad; ni en el atrevimiento de Chus Mateo en apostar por él de inicio, sino en el destrozo que un inexperto como él logró provocar en los interiores azulgranas.

Roger Grimau no encontró soluciones para detener a Diagne. Al igual que en el Clásico de la Supercopa, cuando Tavares destruyó al Barcelona… pero con la diferencia de que enfrente no estaba el pívot más dominante de Europa, sino un joven debutante que jamás había competido al máximo nivel. Sí, el Barça está en plena remodelación y todavía son los primeros pasos del catalán en el banquillo culé, pero el equipo se mostró sin identidad, sin ideas y sin respuestas de ningún tipo. Tampoco ante un imberbe de 16 años.

👶 Ismaila Diagne y la valentía de Chus Mateo

Si por algo ha destacado Chus Mateo en su periplo al frente del Real Madrid es por ser un entrenador valiente a la hora de dar minutos importantes a jugadores jóvenes. Lo hizo con Eli Ndiaye ante Partizan y en la final de la Euroliga y lo repitió con Ismaila Diagne en el Clásico de Liga Endesa. Al madrileño no le tembló el pulso al colocar Diagne como titular. De hecho, tal como confirmó en rueda de prensa, ni siquiera sabía que tenía 16 años; para él no era un dato relevante.

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Ismaila jugó 13 minutos en los que anotó 9 puntos y capturó 8 rebotes. Mateo no quiso romper el equilibrio que ha encontrado en sus quintetos, donde las parejas entre base y pívot son fundamentales. Prefirió que Diagne jugara con Campazzo y mantuvo a Sergio ‘El Chacho’ Rodríguez con Vincent Poirier, que, pese a salir desde el banco, jugó los minutos propios de un titular.

Volviendo a Diagne, fue crucial en el filial de Liga EBA el curso 2022/2023 en un conjunto que alcanzó un histórico 26-0 de balance. El pívot, pese a tener 16 años, está acostumbrado a jugar con rivales veteranos y duros. Todo lo contrario a lo que el Barça expuso en la calle Goya el pasado domingo. El senegalés realizó dos mates, el segundo con una exuberancia pocas veces vista en jugadores de tan corta edad, y expuso los problemas del Barcelona, tácticos, técnicos y mentales.

Diagne enseñó sus garras y desconcertó al Barcelona en apenas diez minutos. No necesitó más tiempo para sacar a relucir todas las desdichas que se cocinan en el seno blaugrana. De hecho, solo sirvió como la antesala del verdadero quebradero de cabeza para Grimau: Vincent Poirier. El francés es el mejor pívot suplente de Europa y sería titular en casi todos los clubes de Euroliga. Poirier propinó 22 puntos, 8 rebotes, 2 asistencias e hizo 6 mates para 29 de valoración. Su conexión con ‘El Chacho’ es total y destruyó al Barcelona en el juego por encima del aro.

😵 Grimau, sin respuesta

Diagne se comió a Jan Vesely y Jabari Parker en el rebote. Problema grave. Pero más preocupante si cabe cuando incluimos en la ecuación que Willy Hernangómez apenas tuvo peso en el partido. Grimau no le usó para contrarrestar al senegalés, para reducir a Poirier y, ni siquiera, para tratar de amenazar la pintura blanca ante la baja de Tavares. Igual ocurrió con James Nnaji tampoco.

El Barça se supone que suma una cantidad notable de capital en el juego interior, con perfiles muy variados y jugadores que pueden cumplir en diversas facetas del juego. Y nada: su rendimiento fue nulo. Nadie supo ni pudo parar ni a Diagne ni a Poirier, que se hincharon a recibir balones en la zona y concedieron constantes segundas oportunidades a los merengues.

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Jabari Parker realiza un tiro en suspensión frente al Real Madrid.

En Barcelona estaban acostumbrados a un entrenador que tenía soluciones para cualquier situación, con una trayectoria dilatada tanto en los banquillos como en la pista y una personalidad arrolladora. Sarunas Jasikevicius era uno de los entrenadores más intervencionistas de Europa y su equipo lo notaba. El Barça salía siempre con una ventaja táctica inicial y, en los clásicos, cuando Chus Mateo conseguía ajustar, los tiempos muertos de ‘Saras’ devolvían la ventaja de forma instantánea a los azulgranas.

En el Barça de Grimau los jugadores no conocen su rol. Willy llegó para ser la estrella y tan solo jugó 11 minutos el domingo. El pívot madrileño vio anulado su juego, ya que no puede correr la pista y el Barcelona no le usó en ataque estático ni aprovecho su calidad para desatascar el juego en la pintura. Joel Parra, que no acertó desde el triple, no encontró su espacio y se solapó con Óscar da Silva. Tan solo Brizuela y Laprovittola, cómodos en los correcalles, pudieron destacar.

En el base tampoco hubo soluciones. Tomas Satoransky se encargó por tamaño de defender a los aleros blancos. Grimau no encontró la manera de emparejar a nadie para detener a un Facundo Campazzo, que volvió a jugar a sus anchas, como ya pasó en la Supercopa. Abrines, que quizás es el mejor blaugrana para efectuar esa función, se quedó en 9 minutos. Y el WiZink se comió al técnico catalán.

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La única consigna clara por parte de Grimau, la de ver a un Barça vertiginoso, que corra rápido la pista, juegue en pocos segundos y lance mucho de tres, quedó en agua de borrajas. Al fin y al cabo, los jugadores jugaron de memoria y se vio al Barcelona de Jasikevicius, pero venido a menos. Se avecinan problemas en la casa azulgrana; y la irrupción del prematuro Ismaila Diagne no ha hecho más que anticiparlos.

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